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AL OTRO LADO
Una película de Fatih Akin

Interpretada por:
Baki Davrak, Nursel Köse, Hanna Schygulla, Tuncel Kurtiz, Nurgül Yesilçay, Patrycia Ziolkowska….

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Texto: Bálder Montesinos

 

Difícil tarea tratar de reseñar intentando compartir lo vivido. Cuando se ensalza algo se corre el riesgo de que en los que sigan tu consejo se produzca una probable decepción. Por grande que sea lo real, la imaginación y la esperanza siempre lo superan, y al final acaba defraudando. Pero, aunque la expectativa no se alcance, se da un empujón y alguien ve lo que merece verse.

Invito a cualquiera que lo merezca a repetir mis sensaciones. Había leído por encima una sinopsis argumental, que no sonaba mal, pero en el momento de enfrentarme a la película la había olvidado por completo. Definitivamente Dios debe quererme mucho. Desde el completo desconocimiento, y dejándose llevar (por una mano fiable como pocas) es como mejor se aprecia el inmenso goce que proporciona un guión formidable. Sale uno de la proyección con ganas de abrazar al autor, a los actores… Ya no es la sensación de reconciliación con el Cine que reportan otras grandes propuestas, sino la de fatal enamoramiento. Las películas buenas abren la puerta de la recepción emotiva; las obras maestras cierran la puerta del subconsciente anhelo de ese orgasmo adrenalínico y vibrante que al fin proporcionan. Tendría que verla otra vez para asegurar si me sigue pareciendo tan memorable, pero el hecho de que quiera volver a degustarla no es mal síntoma. Me consta que el día del preestreno varios críticos que pudieron se quedaron a una segunda proyección sólo horas después de la primera; y en la que estuve, incluso hubo quien respetó sentado hasta el final los títulos de crédito –milagroso-.

 

Una prueba de que una historia ha llegado al corazón es cuando se recuerda al finalizarla los nombres de los personajes: Lotte, Nejat, Aitek, Yeter, Alí… El estilo coral de “vidas cruzadas” y “redenciones colectivas” tan presente la última década ha hallado por fin rúbrica, sentido y destino en lo que es sin duda su guinda, cima y remate. Precisamente porque es la única donde no se nota nada y se olvida que se está viendo una muestra del género. Mientras que en otras, incluidas las mejores, en cada toma aparecen el director y los guionistas guiñándonos el ojo: “¡Cómo nos ha quedado! fijaos cuan guays somos y qué bien lo hacemos” en Al otro lado lo único que queda es el vaso perforado por un hilo a través del cual escuchamos los latidos de Fatih Akin. La historia, menos vestida; despojada de excesos de inteligencia que impidan olvidar que todo es un rodado. Genial del modo más genial que puede serse: humildemente. Discreto e impecable encaje de bolillos; renunciando a la pedantería de cerrar todos los círculos abiertos. Y llenando al menos dos: el de la satisfacción del público y el de su necesidad de profundizar en su (pequeño) entorno y su interior (enorme). Homenajeando al “compi” Marcos Ripalda: deconstrucción heideggeriana en su más sutil expresión y acabado. El no va más: en tal viaje kavafiano hacia la “Ítaca” de las respuestas irrespondibles, uno se siente impelido a amar. Y no sólo a la cándida hembra que, recordándole a su padre, se presta a darme sexo mientras le dura el autoengaño –querer lo cual es fácil-. Más allá: amar al que se tiene enfrente por el hecho de tenerlo enfrente.

 

¿Dije antes “el no va más”? ¿Cómo defino entonces el que anunciando lo que va a pasar sus tres títulos interiores se mantengan empero ciertos suspense y sorpresa? Y lo que se adivina, no por ello disuade de ser degustado. Perfecta sin que se note; Al otro lado no tiene fisuras y muestra un equilibrio envidiable de todos los factores en juego. El único reproche posible -aparte del de no regalarnos una hora más- sería la obligada tibieza con el impresentable gobierno turco; indispensable para poder rodar allí. Pero el espectador inteligente, y aún no dudo de que exista, sabe leer entre líneas y obtener verdadero retrato de los sujetos que manejan ese pueblo; oye esos gritos y torturas no escuchados en la cinta. Y no; no es una película política o social, pese a lo inevitable de rozar el tema con brío. Más que “diálogo de civilizaciones”, “polvazo de civilizaciones”. Aunque el Amor pasional y el sexo ocupan parte ínfima del metraje (no por ello menos auténtica y lograda), una de las innumerables definiciones que ofrecería el filme es la de un conmovedor romance: el que se establece entre Turquía y Alemania. Chocante pareja con vocación de figurar en el futuro imaginario romántico, como puedan hacerlo ya los protagonistas de Casablanca o Historias de África. Idilio autoignorado; acaso no declarado con algo que no sea la mirada o aquello que no se ve y se intuye; perfecto ejemplo del poder de sugestiva evocación que irradian las escenas.

 

Me preguntaba cómo la estupenda Cuatro minutos no había sido la candidata germana al Oscar a la mejor película extranjera. He aquí la respuesta; mejorando lo difícilmente mejorable. Eso aunque Fatih Akin sea mucho más turco que todos esos kebab de pegote que engullen ávidos adolescentes. Premio al mejor guión en Cannes, las tres nominaciones principales a los Premios Europeos de Cine; premio de la crítica del Festival de Sevilla... Mi duda es como no ha ganado todo a lo que se hubiera presentado, incluido Miss Rioja. Me dispongo inmediatamente a solventar el fallo de no haber visto la anterior de Akin, Contra la pared. Con que me inunde un tercio de lo que ha conseguido ésta, tengo ya garantizado un señor gustazo. De nuevo un artista que, como De Sica, Tagore, Mozart o Van der Weyden trasluce confortante y contagiosa bonhomía. Me siento hoy menos hijoputa. Me gusta la bondad.

 

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