.jpg) |

ANTES QUE
EL DIABLO SEPA QUE HAS MUERTO
Una película de Sidney Lummet
Interpretada por:
Philip
Seymour Hoffman, Ethan Hawke, Marisa Tomei, Albert Finney,
Rosemary Harris, Aleksa Palladino, Michael Shannon, Amy Ryan. |
|
.jpg)
.jpg)
.jpg) |
Texto:
Ruth Bautista
Empezar tirando el diccionario por la ventana es un mal
comienzo. Sobre todo si se trata de eso llamado queísmo, tan
popular entre los cinéfilos, que no es otra cosa que un ataque
preventivo, contra un mal mucho menor y más natural, el dequeísmo.
Que no se trata de ser perfectos, cosa imposible, sino de no caer en
errores voluntariamente y a conciencia. Así que para tratar de no
hacer leña del árbol caído, omitiremos en adelante el título de la
película, por amor propio.
La última entrega del longevo director Sidney Lumet,
creador de maravillas como Una tarde de perros, es un pequeño
despropósito. Si bien el problema de base es un guión pobre, un
teledrama de fin de semana, es difícil comprender cómo hay tanta
gente de valor empeñada en levantar una casa sin cimientos. Los
actores están en su totalidad mal aprovechados. Dejados de la mano
de Dios, a su libre albedrío. De otra manera no se explica el
neurótico personaje de Ethan Hawke, la atolondrada de Marisa Tomei o
los inexistentes de Philip Seymour Hoffman y Albert Finney. Aunque
quizás lo peor de todo sea el montaje, jugando con el tiempo
mediante cortinillas setenteras de videoclip que no casan en ningún
momento con lo que nos están contando.
Lo único que le lleva a uno a lo largo de la primera hora
de metraje es la curiosidad y la esperanza. Infundadas. Quizás las
apariciones de Marisa Tomei a lo maja de Goya (en sus dos versiones)
sean de lo más destacable, que cualquiera diría que tiene un pacto
con el mismísimo, cada vez más estupenda con el paso del tiempo. Se
ve que al menos el director aún tiene ojo para apreciar la estética
y con buen criterio ha repartido sus posados a lo largo del metraje.
Como quien en una exposición de pintura mediocre coloca por el lugar
repartidas estratégicamente unas bellas esculturas clásicas. Con la
primera hora cumplida, ya es solo la pereza lo que hace que uno no
se levante del asiento.
|