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EL CURIOSO CASO DE BENJAMIN BUTTON
Una película de David Fincher

Interpretada por: Brad Pitt, Cate Blanchett, Tilda Swinton, Jason Fleming.

 

 

 

Texto: Marcos Ripalda

 

Yo, que no he leído el relato original de F. Scott Fitzgerald, he sido testigo, una vez más, del buen hacer de David Fincher, que ya me sorprendiera, y estoy seguro que no sólo a mí, con la excelente Seven y poco después con las notables El club de la lucha y Zodiac. En El curioso caso de Benjamin Button, el director ha prescindido del suspense y la violencia de sus otros filmes. Pero no nos llevemos a engaño. Están ahí, disfrazados. Y es que el drama de Benjamin Button nos advierte, fotograma a fotograma, que tenemos que estar agradecidos de que nuestras vidas no avancen en sentido contrario al de las agujas del reloj. Porque la vida, a pesar de que sólo tiene sentido al ser recordada y, por supuesto, mientras se está en ello, hay que vivirla, qué duda cabe, hacia adelante. Y es precisamente en esta diferencia, en esta imposibilidad de su protagonista donde reside todo el peso dramático del filme. No es necesario recurrir a escenas impactantes para pegarnos con cola al asiento, aunque las haya, ya digo, ni a giros imprevistos en la trama. Ni siquiera que sepamos con certeza cómo acaba. Y es que está escrito que todo acaba con la muerte, avancemos hacia delante o hacia atrás. El caso es que avanzamos, pese a todo. Y no les descubro nada, quede claro.

 

Benjamin Button, interpretado por un sensacional Brad Pitt, que durante unos minutos parece sacado de Thelma y Louise, repite con Fincher en esta historia sobre rejuvenecimientos milagrosos. Cate Blanchettt, por su parte, esta, cómo no, soberbia como compañera de Pitt en la ficción. Nunca la encontré tan bella y calida, ni siquiera con todas las lucecitas que mostraba en El Señor de los Anillos. Mención especial, por supuesto, para el equipo de maquilladores y de efectos visuales que lo mismo te quitan que te ponen años con pasmosa habilidad.

 

Para terminar, debo hacerles una confesión. Fui al preestreno animado, sobre todo, por algunas imágenes que había divisado en mis frecuentes viajes por la red. Que Brad Pitt trabajase también era un motivo de peso para su visionado, pues este guapísimo también es un actor del copón; si no me creen revisen El río de la vida, por ejemplo, o Snatch, cerdos y diamantes. Eso sí, no tenía ni idea de que la dirigía Fincher ni de que era candidata a 13, si no recuerdo mal, premios Oscar. La película, ya está dicho, es una muy buena película, pero no una obra maestra, que esto son palabras mayores. Y es que, aparte de su barnizado sentimentaloide (nada que objetar), hay algún que otro (perdonable, claro) dobladillo mal cogido que hace que el traje no quede impecable. Que no se llevase las estatuillas al mejor actor principal, mejor guión, supongo, adaptado, a cargo de Eric Roth, y mejor maquillaje resultaría decepcionante. Claro que no he visto todas las películas seleccionadas. Además, El lector y El caballero oscuro, que están en la carrera también atesoran méritos para no quedarse sin su trozo de empanada, conste. 

 

 

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