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Texto: Juan Torres
Es difícil ser el provocador oficial del cine. Si la gente te conoce
como alguien irreverente y políticamente incorrecto tus películas
dejaran de sorprender. Algo parecido le pasó a Michael Moore, cuya
Bowling for Columbine fue sorprendente pero no deja de
intentar repetirse en cada nuevo intento de sobrecoger al
telespectador.
Si alguien sabe reinventarse en cada película es el inglés Sacha
Baron Cohen (inglés, si, aunque no lo parezca). Brüno es la
nueva creación de este polifacético actor mortadeliano capaz de
transformase en rapero neoyorquino o kazajo presentador. En esta
ocasión Sacha nos regala a Brüno, un austriaco gay que presenta un
programa de moda, cuya nueva obsesión es hacerse famoso en los
Estados Unidos.
La película es una extravagante sucesión de anécdotas, grabadas
realmente con gente que no sabe de la filmación de una película, y
que son puestos en evidencia, a menudo con juegos homosexuales, por
Bruno. Por sus manos, literalmente en algunos casos, pasa Agatha
Ruiz de la Prada, Paula Abdul, congresistas, israelíes, palestinos,
presentadores afroamericanos de talk-shows, marines, reverendos
antigays, entrenadores de artes marciales, cazadores, y el exaltado
público de lucha extrema, todos caen en las garras de Bruno y todos
quedan en el mismo estado de shock en el que queda el espectador.
Siempre puede quedar la duda de cuánto es real y cuánto es montaje
en este tipo de falso documental, si las cámaras están o no a la
vista del presunto ‘engañado’ por Bruno y si no esta siendo el
espectador el engañado, pero si lo que se quiere es disfrutar de un
buen rato de comedia, y ver una película distinta a las demás, sin
duda hay que darle una nueva oportunidad a Sacha; si aguantas los
primeros diez minutos en el cine, esta es tu película. Y si te vas
del cine, vuelve para ver los últimos 5 minutos. Sea como fuere, no
te dejará indiferente. |