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CARAMEL
Una película de Nadine Labaki
Interpretada por:
Nadine Labaki, Yasmine Al Masri, Joanna Moukarzel, Gisèle
Aouad, Adel Karam, Siham Haddad, Aziza Semaan, Fatme Safa,
Dimitri Stancofski. |
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Texto:
Consuelo
Sánchez Condés
Mientras
escribo estas líneas, tres soldados han sido heridos por una bomba
en el sur de Beirut. El pasado mes de junio seis
soldados españoles fallecieron
y otros dos resultaron heridos en un ataque a las tropas españolas
en Líbano. El Ministerio de Defensa desmiente que esta vez sean
españoles y asegura que son irlandeses, pero sean de una
nacionalidad u otra, son vidas perdidas, o en peligro. Este tipo de
noticias sacude Beirut cada día. Una ciudad donde la convivencia
entre dos religiones (dividida entre el oeste musulmán y el este
cristiano –bien reflejada en el filme-) se sobrelleva, porque hay
otros conflictos más destacables, como las Uvas de la Ira de
la Tierra prometida, el exilio de miles de personas que
luchan por no perecer, cuya velada tranquilidad desde hace más de
siete años se ve salpicada en ocasiones por desencuentros, apagados
y reavivados eternamente.
Y noticias
como la acogida de la película de Nadine Labaki en otros países
lleva algo de luz a este clima de sobrecogimiento constante, diario.
Ahí subyace el secreto de su éxito. Como esos programas que se
llevan la mayor cuota en la tele y nadie sabe por qué, pero cuya
audiencia los expertos explican por el hastío y el cansancio del
final de una jornada de trabajo, y la búsqueda de algo entretenido
que no te haga pensar. Pero la película de esta joven directora y
actriz guarda un as en la manga: la sutileza. Envuelta en la
cotidianidad que ha hecho que se alce como la
más taquillera en
Líbano; en
la belleza de los colores que permite el escenario del centro de
estética, un sutil guión se desliza a través de todos los
personajes, porque su historia no es contada, es adornada con el día
a día. Y una crítica tras un velo.
El mundo femenino contra las fuerzas del orden, con un arma tácita,
como la seducción. La dulzura del caramelo, elaborado con el ácido
cítrico de la crítica, imperceptible, pero efectivo.
Están en boga
las historias de mujeres de oriente que suspiran (más que
gritan) por su libertad (Persépolis, de Marjane
Satrapi y Vincent Paronnaud). Nadine lo ha hecho en dos idiomas, con
el encanto de babel, ya que tras la ocupación, la francofonía no se
perdió, y en un mismo diálogo se entrelazan expresiones del francés.
No deja de mostrar su occidentalidad,
occidentalismo, con la estética de los varios anuncios publicitarios
y vídeos musicales que también ha dirigido.
En cuanto al
reparto, han sido muchas las sorpresas interpretativas que esta
directora ha preparado al rescatar del escenario de la vida a tan
dispares actrices noveles, que han sido confeccionadas a medida,
encontradas para el personaje. Primero el zapato y luego la horma.
Nisrin en el papel de la joven musulmana que va a casarse, en
realidad compañera en París de Labaki. Las señoras de mayor edad,
captadas para el proyecto en la calle. Pero cabe destacar, por
lo insólito, el personaje de Siham (Fatme Safa), una chica chií,
casada a los trece años, y ahora independiente.
Estupendo
debut para esta joven libanesa, y muy recomendable para degustar
algo dulce libremente frente a lo amargo de la contienda.
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