música          cine          libros y comics          hemeroteca          contraportada
                en pantalla     dvd     especiales     series tv
 

 

 

CAUTIVA
Una película de Gastón Biraben

Interpretada por: Bárbara Lombardo, Mercedes Funes, Susana Campos, Hugo Arana, Osvaldo Santoro, Silvia Baylé, Roxana Berco y Lidia Catalana.

 

 

 

 

 

 

 

Texto: Bálder Montesinos

 

Una adolescente argentina, superficialmente feliz (pero feliz al fin y al cabo) en su familia conservadora y su entorno de policías y militares, es literalmente raptada un día por los agentes de un juez. Éste le comunica que sus verdaderos padres están desaparecidos y que los que cree suyos probablemente no sean inocentes.

 

Esta historia, basada en varias verídicas, fue de aquellas noticias que cuando la escuchábamos hace años en un telediario pensamos: "Qué buena película se puede hacer de esto". Y ya antes de ésta se hizo una, La historia Oficial. Mientras que en la más antigua el punto de vista era el de Norma Aleandro haciendo de madre impostora que desconocía el verdadero origen de su hija, en Cautiva regresamos a hechos casi idénticos pero desde la perspectiva de la propia cría. Me gusta más el enfoque de la primera, porque el viaje de transformación personal de una profesora convencidamente derechista siempre tiene más miga que el de una jovencita que nunca se había planteado estas cuestiones.

 

Todo aquí es predecible y tiene un interés puramente documental muy superior al artístico. Aún así, el innegable gancho humano y político de lo narrado funciona para evitar el aburrimiento y lograr un entretenido producto de difusión histórica sobre un momento muy oscuro de la humanidad. No hay brillantez, y echamos de menos un Costa-Gravas que, como en Missing, cuente lo que pasó en Chile dejando recuerdo indeleble en la memoria, perforando la barrera de las emociones y quemándonos con la pantalla. Algo que más tarde también consiguieron las argentinas La noche de los lápices y Garage Olimpo, probablemente las dos películas más espeluznantes que se hayan rodado jamás. Dos filmes que consiguen, sin inventar ni exagerar nada que no se haya demostrado cierto, que La lista de Schindler parezca un estético cuento de hadas. Resultaban mil veces más aterradoras que los efectos especiales de zombis o fantasmas, porque a diferencia de estos, los fascistas viven y votan en nuestra misma comunidad de vecinos, y aquellos martirios se daban no en lejanos tiempos, sino mientras veíamos los partidos del Mundial Argentina 78 (Se están dando ahora mismo en otros lugares, mientras lees esto). Cautiva no podía alcanzar tanto horror ni aunque se lo hubiera propuesto, pues aborda únicamente la punta del iceberg de los desmanes cometidos, la parte más digerible, aunque no por ello menos indignante. Pero a los incondicionales del espanto, tranquilizarles, porque sí van a encontrar su pequeña ración.

 

Los tontorrones de siempre o los listos que siempre se hacen los tontos protestarán que por qué se siguen haciendo películas sobre una dictadura que acabó hace 24 años. Les doy gratis alguna razón:

 

1) Los que cometieron estos crímenes concretos no sólo siguen vivitos y coleando, sino en libertad y quemando sus millones con ostentación en un país sumido en la recuperación económica.

 

2) Los que promovieron directamente aquella dictadura desde Washington, colegas de Kissinger y Carter, siguen teniendo gran influencia en los dos partidos, republicano y demócrata, que siguen dirigiendo al mundo y a nuestros gobiernos con idéntica estrategia y modos (encomiable la valentía de la película para que esto quede claro)

 

3) A día de hoy todavía hay 70 casos de jóvenes como la protagonista que aún no han sido identificados, y habrán hecho sus carreras en universidades privadas católicas diciendo "se lo merecían por boludos" al ver en documentales los cadáveres de sus padres.

 

4) Mientras sigan viviendo la mayoría de las madres de 33.000 jóvenes que fueron torturados y arrojados vivos al mar por pertenecer a clubs universitarios de izquierda, no servirá el esfuerzo ni de cien telebasuras para acallar sus voces o sus dedos señalando.

 

Hace pocos años el presidente del gobierno anterior promovió, sin tener en cuenta ni a las Cortes, la participación activa en una invasión criminal de saqueo petrolífero. La mitad de la gente creyó o quiso creer sus argumentos, y la otra mitad SABÍAMOS que era mentira (Como a Fagor, el tiempo nos da la razón). ¿Cuál era la diferencia entre unos y otros? Entre mil motivos más, seguro que los que lo sabíamos éramos los "espectadores como usted" de Erquicia, esa parte de la población que ve de vez en cuando documentales o películas de esta índole y tiene más versiones del "nuevo orden mundial" que la hollywoodiense.

 

Ver una película es un abanico infinito de posibilidades que desconoce el 80% de la gente que va al cine. Personas para las que esto se limita a que la sociedad anónima Disney les cuente siempre el mismo cuento de "pe" a "pa", haciendo que el amigo tontorrón y graciosín -casi siempre doblado aleatoriamente por un actor negro o hispano- sea sucesivamente un pez, un jabalí, un burro o un robot. Los niños de la guardería de mi barrio habrían detectado antes el engaño.

 

 

Derechos Reservados Octubre 2005 © www.plataforma21.com e-mail: contacto@plataforma21.com