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CRÓNICAS
Una película de Sebastián Cordero

Interpretada por:
Leonor Watling, John Leguizamo, José Marí Yazpik, Damian Alcázar y Camilo Luzuriaga.

 

 

 

Texto: Consuelo Sánchez Condés

 

Si durante los diez primeros minutos de la sesión el anhelo de saber más, la expectativa por el resto de la historia, vence la lucha contra los movimientos de respingo provocados por el pensamiento de que esas imágenes pueden -lo están haciendo- anunciar una dureza mayor, el resto está superado.

 

La doble vida, la doble moral, que parece cohabitar con todo, es el hilo conductor de esta película, producida por Guillermo del Toro (Hellboy) y Alfonso Cuarón (Y Tu Mamá También), co-producción México-Ecuador. En ella queda reflejado que las acciones gratuitas, los actos aleatorios y los hechos medidos –tanto si han sido decididos como si no- pueden desembocar en catástrofes incontrolables. Exposición de acontecimientos en la que las frases hechas, como “las apariencias engañan”, “la información es poder”, “los medios de comunicación manipulan”, etc, saltan en cada escena y aturullan la mente del espectador. Pero lo mejor, que la certeza de una realidad presente, de una impotencia frente a esto, hace que nos preocupemos; nos hace “pensar” en algo más. Querer intervenir.

 

Leonor Watling (en el personaje de Marisa), John Leguizamo (como del famoso periodista Manolo Bonilla) y José María Yazpik (cámara del equipo) trabajan con una buena interpretación, y aunque destacan las de los dos más conocidos, el actor mexicano les acompaña formando así un papel tríptico perfecto. Los tres forman parte del programa que se emite en Miami, “Una Hora con la Verdad”, y están investigando en un pueblo de Ecuador el asesinato en serie de más de cien niños.

 

El antagonista será Damián Alcázar, que interpreta a Vinicio Cepeda, vendedor de Biblias –qué simbólico-, encarcelado tras un infortunado accidente, y cuyas declaraciones, entre gestos ambiguos, llevan al periodista estrella, Manolo Bonilla, a sentir que su intervención será esencial, para lo que necesitará del apoyo de sus compañeros; y los tres se verán obligados a desafiar a las autoridades locales, a cuyo frente se halla el detective Bolívar Rojas, interpretado por Camilo Luzuriaga, director de cine ecuatoriano en la vida real.

 

Aunque la narración sigue un guión plano, estructurado sin saltos en el tiempo, sí está bastante enriquecido con imágenes explicativas, cambios de escenario –destaca la barriada sobre puentes en la que vive la familia de Vinicio, un emplazamiento real en Babahoyo, que hubo que reforzar para que soportasen el peso de los equipos de la grabación-, y original incluso en los cambios bruscos de idioma de John Leguizamo.

 

Tras casi dos horas de filme, parece que no han transcurrido tantos minutos, ya que la historia ha ido evolucionando poco a poco, sin perder el hilo, y si bien construida, mejor interpretada. Para concluir, un desenlace cargado de impotencia, tácitamente explícito.

 

 

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