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Texto:
Consuelo
Sánchez Condés
Las relaciones, entre amigos, entre familiares, con conocidos, con
desconocidos que queremos conocer, o no; la evolución, el paso del
tiempo; las sorpresas que cambian la percepción de esa fluir; el
continuo suceder de la cotidianidad que se hace largo y lento, como
la película. El color gris de la indiferencia de nuestra monótona
existencia, de nuestro vacío existencial, puede romperse o
colorearse con fugaces guiños a un sentido general superior más
amplio y serio que justifique nuestros ridículos actos, en la
"poética de la caricatura", o los alardes de creación del arte como
manifestación de lo más elevado y complejo de nuestro ser. Es la
táctica de convertir y destacar lo insignificante para, como efecto
inverso, considerar que hay algo más preeminente que da prueba con
razones más convincentes de la finalidad vital.
La manifestación fiel a una realidad insulsa puede salvarse, en un
filme, a través de varias técnicas. Por un lado, con actores que
hayan conseguido la aceptación del público, y que aunque el papel no
permita hacer grandes muestras de ingenio, se salven gracias a esta
suerte de simpatía.
Por otro, el realismo "mágico", que permite captar la expectación a
través de efectos de extrañeza creados con esas escenas irreales en
medio de la simpleza de la realidad (números musicales, personajes
que se adivinan inexistentemente fantasmales, o lugares evocados en
medio de alucinaciones). O al revés, también, considerar como real
estas escenas "ideales" a modo de adelanto de una realidad que si
bien no es imposible, resulta ser impensable en el momento de la
narración en que aparece.
Este es el peligro del realismo. Si no se pretende mostrar una
explicación que sublime la obra o nos haga comprender, o al menos
plantearnos, que las cosas tienen un significado más allá de lo que
vemos, se cae en la trivialización. Las quejas que presenta la
historia son tan trilladas, tan manidas, que llegan a ser
vulgarizadas: la monotonía irrumpe en las parejas; el reclamo de
libertad arroja a otros brazos; todos estamos solos; las parejas
mayores acaban como empezaron antes de tener prole, porque la prole
debe seguir el mismo camino, para acabar otra vez como al principio,
como sus progenitores, como acabarán sus vástagos; porque la
creación intelectual, artística, o ideal nos evade de la miseria de
lo cotidiano; las casualidades nos emocionan como algo nuevo que da
sentido a nuestra vida, etc etc etc
En resumen, mantiene la crítica sobre una problemática que por
cotidiana, se vulgariza, y expulsa toda ilusión, sustituyendo estas
acciones mágico-realistas por situaciones caricaturescas. Hacer del
aburrimiento una forma de vida ridícula. Qué larga y qué corta, por
esa sensación contradictoria puede hacerse la representación de
nuestra historia, sin una debida abstracción...
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