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EL ORFANATO
Una película de
Juan Antonio Bayona
Interpretada por:
Belén Rueda, Fernando Cayo, Geraldine Chaplin, Mabel Rivera, Andrés Gertrudix…

 

 

 

 

 

 

Texto: Bálder Montesinos

 

¿Me acusarán de traidor a la nación si afirmo que la película española preseleccionada para los oscar es un pestiño?

 

Bueno; al contrario de los que queman y atacan ostentosamente símbolos patrios para sustituirlos luego por otros de escala reducida, a mí el patriotismo sí que me causa verdadera risa y repelús, con lo que o me resbalará la acusación o la ostentaré como medalla: El orfanato es un auténtico pestiño en toda regla.

 

La pregunta de verdad es qué tipo de opiáceo se estaban fumado los egregios sabios de la Academia cuando escogieron esta chufa. 

 

Suelo ser constructivo, respetuoso y compasivo con un film cuando no dispone de medios en su producción o en su promoción, o cuando las intenciones son loables. Pero aquí se han cremado millones con desmaña con la única meta de engrosar más las barrigas de los productores. Con un producto industrial prefabricado de boba manufactura en su esqueleto pese a sus cuidados ornamentos. Este artefacto recibirá una difusión y una atención de los medios que hará que la gente acuda en manso tropel a dar su voto de confianza en forma de ticket a que se siga dilapidando la maltrecha cinematografía del país con propuestas tontas, y lo que es peor, amodorrantes. Y todo esto pese a lo que podamos advertir los que ya la hemos sufrido. Los ciudadanos preferirán pagar dinero para opinar por sí mismos y con eso se creerán libres (!) Todos directitos a la tela de araña. Los medios han hablado de algo y ya merece la pena pagar para poder opinar. Y mientras, auténticas joyitas como Media Luna o Cuatro minutos que podían haberle gustado a casi todo el mundo no se han hecho acreedoras al derecho de ser opinadas porque la hemos recomendado cuatro “mindundis” en vez de la sonrisa-mueca de Jose Toledo o Raquel Revuelta.

 

El engendro comercial no aporta absolutamente nada nuevo al género. Nada. Podría resumir y no mentir diciendo que es un mal intento de repetir el éxito de Los otros mediante un burdo calco-caricatura. Película modelo imitada, por cierto, que es estupenda para ver… una sóla vez. Porque como en El sexto sentido cuando ya se conoce el final entonces tiene nulo atractivo revisionarla. Le pasa como a los largometrajes de intriga a lo Agatha Christie donde la presunta gracia está únicamente en adivinar quién es el asesino, lo que Hitchcock denominaba despectivamente –y con razón- un “whodonit”. Frágiles obras con obvio y tentador talón de Aquiles: su facilidad para desmoronarlas con un simple destripe.

 

La receta de El orfanato: Con desgana bostezante se mete en la “coctelera” una mansión grande semi abandonada como en El resplandor, se la ilumina tenebrosa como en Los otros, se adereza con niño que ve y habla con espíritus como en El sexto sentido y con horribles muñecos antiguos al más puro estilo “Chuky”. Después se agita el vaso con travelling lentos, las manidas secuencias inacabables de la chica indefensa y llorona andando lenta por la casa amenazante, el consabido marido escéptico y pesado que no ve los fantasmas ni cuando los pisa, cuatro o cinco sustos de mal gusto para que los jóvenes no se aburran con tanta espera, y una banda sonora atronadora que es la que te hace levantarte de la silla y no el predecible susto en sí. Se sirve en las copas de una Belén Rueda que resulta aceptablemente creíble en contadas ocasiones y en otras muchas no, y de un resto de elenco realmente desafortunado salvo breve aparición de Geraldine Chaplin (de hacer Doctor Zhivago y Cría cuervos a esto; la vida definitivamente es cruel). Al niño actor también le salvo porque la criatura tendrá a lo sumo 5 años. Finalmente, se toma el cóctel matarratas de un trago sin pensárselo mucho… y a esperar sus efectos purgantes. El gusto amargo que queda en boca es el inenarrable intento de hacer una situación feliz y conmovedora de algo deprimente y patético. Indigestas flatulencias.

 

Partimos de que no soy nada neutral. El género de Terror me parece una droga más nociva para el cerebro humano que los “chinos” de heroína. Si se admite sin objeción que el miedo es el origen directo e indirecto de la mayoría de defectos, bloqueos y obstáculos en la psique de las personas… ¿a qué intentar fomentarlo? Enfangarse en mierda… ¿mola mucho? Para los intereses de los que gobiernan, manipulan y manejan, vale, pero a ver quién me explica algún efecto positivo de querer sentir pánico. Si lo que se desea es curarse uno en salud aprendiendo a dominar la adrenalina, es más productivo enfrentarse a horrores reales con diablos de carne y hueso. La calle está llena, los templos más y los conjuntos residenciales de alto standing para qué contar.

 

Ahora bien, si me meten un gol por la escuadra con cianuro de tan buen acabado como La semilla del diablo, Al final de la escalera, La invasión de los ultracuerpos  o El resplandor me callo, lo doy por válido, me quito el sombrero, dos palmadas y a otra cosa, mariposa.

 

Las palmadas a los responsables de El orfanato no se las daría precisamente en la espalda. ¡No, caramba, eso no! No seáis mal pensados. Se las daría cariñoso en el culete. Detesto la violencia. Incluso más que a una infumable peli de fantasmas.

 

 

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