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Texto: Aída Márquez
Alfonso, un
hombre jubilado, entabla amistad con Martín, un joven y prometedor
aficionado al ciclismo. Alfonso y Martín encontrarán una meta común:
hacer de Martín un gran campeón. Alfonso, siempre que puede, visita
a Nanda, que vive en una residencia de ancianos, y fue su vecina
cuando era niño, y por circunstancias le cuidó como una madre. Nanda
recibe últimamente visitas de un joven abogado que dice ser el
encargado de los asuntos personales de su hijo, hombre ocupado y de
éxito, que no tiene tiempo para visitar a su madre personalmente.
Luisa, la hermana de Martín, ha salido de su pueblo natal, donde
tiene a su novio de toda la vida, Mauricio, con quien no tiene muy
claro si continuar la relación, para trabajar en la residencia donde
vive Nanda. Luisa está intentando llevar las riendas de su vida sin
nadie que quiera someterla.
Aunque son más
las cosas rescatables, la cinta cuenta con dos grandes enemigos a la
hora de visionarla. Por un lado, llama la atención prácticamente
desde el principio la locución de los personajes, que parece o está
doblada, y en ocasiones nos saca totalmente de la historia. Por otro
lado, una cualidad que a algunos gustará y a otros no: los
personajes, en lugar de hablar, piensan en voz alta, como Candela
Peña en Princesas, película que tuvo bastante éxito y
explotaba al máximo este recurso. Si bien es cierto que es igual
pedir la sal que el cloruro sódico, frase que por cierto, te
recuerda a tu infancia estudiando la tabla periódica, también es
cierto que es cuestión de estilos tanto hacerlo, como que te gusten
las historias así contadas.
La película
tiene un ritmo un poco lento, que no impide en absoluto que pase de
largo sin profundizar en algunas partes de la trama, en ocasiones
excesivamente literaria.
Lo cierto, es
que la historia que nos cuenta el recién homenajeado Camús en El
prado de las estrellas está llena de detalles que yo al menos
como espectadora agradezco, como son: que la acción ocurra en
España, en poblaciones con las que te puedes identificar, con tramas
que ocurren en nuestro día a día.
Es interesante
ver una película en la que vemos que temas que nos rodean pueden ser
perfectamente tramas de historias interesantes que se pueden llevar
a la gran pantalla. La especulación inmobiliaria, las herencias y la
soledad de los ancianos.
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