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Texto:
Marcos
Ripalda
Película inspirada de aquella manera en el corto El globo rojo
(1956), de Albert Lamorisse, que plasmaba en imágenes de intensa
belleza poética la amistad entre un niño solitario y un gigantesco
globo rojo que le seguía por las calles de París, El vuelo del
globo rojo, que abrió el concurso de la sección Una Cierta
Mirada de la 60 edición del Festival de Cannes, se me antoja un
homenaje innecesario con aspiraciones, cómo no, también poéticas,
aunque sospecho, por las reseñas que he leído hasta ahora en la web
y, sobre todo, por la portada dedicada a este filme, editorial
relacionado, reportaje en profundidad sobre un cierto cine que
tiene cabida, por suerte, en festivales, y entrevista al
director en el número 22 de Cahiers Du Cinema, edición
española, que hará las delicias de una inmensa minoría, la cual
pondrá por las nubes esta soporífera película de diálogos
improvisados (nada que objetar). Esto es lo que apunta su director:
“Tengo un guión completo, pero sin diálogos. Analizo en profundidad
cada escena con los actores, que se inventan su propio diálogo según
la situación”. El filme, por tanto, reflexiona sobre la infancia y
la inocencia, sobre lo que perdemos, por mucho que nos aferremos, u
olvidamos al hacernos adultos, alejándose, eso sí, del grato
sentimentalismo de Lamorisse, que, por cierto, consiguió la Palma de
Oro de Cannes al mejor cortometraje y un Oscar al mejor guión
original.
Aunque me haya resultado aburrida y “horchatosa”, cabe destacar el
contraste físico, traducible en estados de ánimo, entre el espacio
de un apartamento no tan pequeño pero sí desordenado, y sólo a
veces, y la gran urbe que muestra el globo en su vuelo: los tejados,
las vías de tren, las calles en planos secuencia con gran
profundidad de campo. Y es que la clave de esta película se
encuentra en el paisaje humano, en el espacio urbano, en los colores
y las formas del entorno, en la luz que se refleja en los objetos y
que nos refleja a nosotros en nuestra monotonía. En una ciudad del
primer mundo. Civilizada. Con espacios marcados.
El viaje del globo rojo
es la primera película de una serie pensada por el director del
Museo d'Orsay de París que pretende acercar la mirada de artistas
contemporáneos a las joyas impresionistas y del art nouveau
de su colección. La única condición: que el espacio del museo
aparezca, al menos, en una escena. Mucho espacio para recrearse,
querido, poca imaginación, con un trabajo actoral brillante, y no
sólo Juliet Binoche, pero una historia de lo más anodina. ¿Quién
dijo aquello de que no importa lo que cuentes sino como lo cuentes?
Que razón tuvo. |