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Texto: Juan Torres
De tantas cosas que diferencian al viejo continente de los
Estados Unidos es la veneración por los grandes malos de la
historia. Esas leyendas que construyen sobre sus ladrones, mafiosos
y asesinos que humaniza al malo malísimo y nos hace querer dejar
nuestros trabajos y atracar un banco o descuartizar al más pintado.
(¿Se imaginan esa idolatría en España? Con Antonio Resines haciendo
de Roldán o Quique san Francisco haciendo del Dioni.) Si en su día
tuvimos a la familia Corleone en
El Padrino, y hoy en dia
tenemos a Dexter,
Los Soprano o los seguidores de
Clooney en Ocean’s eleven, como mayores ejemplos de malos
inventados para atraer al publico, nada atrae mas al americano medio
que el acercamiento al celuloide las leyendas reales como la de Al
Capone, (Robert de Niro) Bonnie y Clyde (Warren Beatty y Faye
Dunaway) y ahora John Dillinger en la piel de Johhny Depp.
Debe de ser un caramelo irrechazable el que le ofrecieron a
Michael Mann. Retratar la vida de John Dillinger, uno de los más
famosos y más queridos ladrones de bancos de la gran depresión
norteamericana y la de su insaciable cazador, el agente Melvin
Purvis y poder contar con Johnny Depp y Christian Bale para el
asunto (yo habría discutido con los productores, intentando poner a
Bale de malo, pero llena más cines la cara de Depp en el poster).
Desde el principio se nos presenta a Dillinger como un
ladrón que dista mucho de ser malvado y que se preocupa por su grupo
de gangsters y por encontrar el amor (en la figura de una Cotillard
un poco sosa). El por entonces director del FBI, J. Edgar Hoover (Billy
Crudup) recurre a Purvis para acabar con Dillinger y sobre todo con
su fama de Robin Hood que atraca solo a los bancos adinerados y se
escapa de los policías con una sonrisa en sus labios (¿Quién mejor
para huir sonriendo que Johnny Depp?). Purvis (ayudado por la mirada
punzante y la voz profunda de Christian Bale) también esta lejos de
ser el cazador insaciable y evita los estereotipos del policía sin
escrúpulos.
Enemigos públicos
resulta ser una entretenida cacería y persecución, con sus homenajes
al género clásico de gangster de disparos con ametralladoras y
hampones disparando a una mano, subidos en marcha en los exteriores
de Ford V8 negro, con Chicago como telón de fondo. Una recreación
fidedigna que quizás carece por momentos de ritmo en 140 minutos de
metraje pero que contentará a los seguidores del género.
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