música          cine          libros y comics          hemeroteca          contraportada
                en pantalla     dvd     especiales     series tv

 

 

 

¡ESTO ES RITMO!
Un documental de Thomas Grube y Enrique Sánchez Lansch

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Texto: Mª Luisa Ripalda

 

Nunca pensé que me pudiera llegar a gustar el rap y mira por donde comienza esta película con una música rapera, y además ¡en alemán!; y como que me gusta, vamos que suena bien; buen augurio. Si bien, aunque en este film la música es fundamental, no es precisamente la música rapera, sino nada más y nada menos que La Consagración de la Primavera, obra compuesta por Igor Stravinski en 1913 para ballet en dos actos. También resulta ser el hilo conductor de esta película sobre la necesidad del arte en nuestras vidas.

 

Codirigido por Thomas Grube y Enrique Sánchez, este documental recoge un experimento artístico y pedagógico en el que danza y música se funden, y en el que 250 jóvenes de los barrios menos acomodados de Berlín, de entre 7 a 22 años, ensayan para preparar una coreografía que acompañará la interpretación de la Orquesta Filarmónica de Berlín de La Consagración de la Primavera en el Treptow Arena del propio Berlín.

 

Proyecto alumbrado por el director de la Orquesta Filarmónica de Berlín, Sir Simon Rattle, que al hacerse cargo de esta institución fundamental en la cultura alemana pretende convertirla en un instrumento de cultura participativa y, por tanto, acercar la música clásica a los jóvenes. Según sus propias palabras, se necesita recordar que el arte no es un lujo, sino algo necesario para la gente como el aire que respiramos o el agua que bebemos.

 

Para llevar a cabo esta experiencia, Rattle invita a Royston Maldoom, coreógrafo avezado en proyectos de danza con los más desfavorecidos en el acceso al arte y viajero incansable alrededor del mundo con su sempiterna furgoneta de correos roja. Estos dos personajes fascinantes, apasionados y seductores unen sus fuerzas, en su concepción del arte como derecho de todo ser humano, para hacer realidad este proyecto educativo y artístico. A través de la pantalla, cuando estos dos británicos nos hacen partícipes de sus convicciones, podemos observar con nitidez  esa pasión y energía necesarias para llevar a cabo una experiencia de esta índole que roza la utopía en su asunción de responsabilidades sociales en el terreno del arte. Poner en contacto la Filarmónica de Berlín con jóvenes de barrios berlineses que no tienen ni idea de danza, ni especialmente son degustadores de la música clásica parece una idea descabellada. Contra los que creen que el arte se debilita al hacerse popular, ellos opinan que una mayor apertura solo puede beneficiar al arte.

 

Especialmente fascinante, si cabe, resulta Maldoom, quizá por ese aura de aventurero romántico que destila desde el primer momento que aparece en la pantalla. Este profesor de danza que, junto a sus ayudantes, se encarga de los ensayos de los jóvenes, en un maratón de tres meses, representa el rotundo compromiso social del arte. Porque el arte necesita de maestros que iluminen esa senda de descubrimiento, tan profundamente individual, a los más jóvenes, y que resulta tan difícil de hallar en los tiempos que corren. Sus manifestaciones sobre el silencio y la disciplina tienen aplicaciones universales.

 

Hábilmente los directores de este documental alternan los ensayos de la Filarmónica, con los de los aprendices de danza. Los escenarios fundamentales en los que la cámara se detiene, son el gimnasio donde los jóvenes del instituto se entrenan; escenas éstas que se contraponen con las de los ensayos de la Filarmónica en su propia sede, en donde podremos apreciar interpretaciones de fragmentos de la Consagración, digeribles en bocados exquisitos, y además satisfaremos nuestra curiosidad de ver cómo trabaja un director de orquesta. Es de destacar la importancia de Berlín como un personaje más de la historia, por lo que la cámara intercala y deambula por unos parajes urbanos helados y grises, pero que, sin embargo, no carecen de belleza; como una metáfora de la esencial espiritualidad de la belleza que radica en el punto de mira del observador.

 

No podía faltar en la realización de este documental los propios adolescentes. Los directores se centran en tres de ellos y los siguen y ponen ante la cámara, permitiéndonos presenciar su travesía personal, sus dudas y entusiasmos,  sus incertidumbres y sus renovadas confianzas en sí mismos.  El proceso educativo íntimo, impulsado por su contacto con el arte, deja de lado la escuela como fábrica de seres preocupados únicamente  por lo económico.

 

Merece la pena estar atento, si no se conoce la obra de Stravinski -y si se conoce también-, y escuchar La Consagración de la Primavera, obra sobrenatural que parece emerger de las profundidades de la tierra, como declara el propio director de la orquesta, brusca y poderosa, con su ritual de aseguramiento de futuro, con su fiera alegría, en una grabación excepcional, que realmente sobrecoge.

 

 

Derechos Reservados Octubre 2005 © www.plataforma21.com e-mail: contacto@plataforma21.com