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HAPPY, UN CUENTO SOBRE LA FELICIDAD (HAPPY-GO-LUCKY)
Una película de Mike Leigh

Interpretada por:
Sally Hawkins, Eddie Marsan, Alexis Zegerman

 

 

 

 

 

 

Texto: Consuelo Sánchez Condés

 

Soy feliz, ergo, tengo suerte. No sé si existe realmente la Felicidad o es un cúmulo de momentos en los que disfrutamos y olvidamos problemas y angustias derivadas de éstos. Lo que está claro es que la aptitud que tomamos frente a la vida repercute en cómo nos llegan las cosas, cómo recibimos lo que damos. Es el karma. Como en espiral infinita, si irradio alegría, recibo sonrisas -a riesgo de parecer predicadora-. Pero si estoy descontento con mi vida, nada, por normal, coherente o cotidiano que sea, me parecerá bien. Todo será una tortura, una pequeña conspiración de esos duendes que vigilan y se encargan de que cobremos lo que entregamos.

 

La propia risa desprende unas sustancias, las endorfinas, llamadas, no sin argumento, "hormonas de la felicidad", que generan un efecto placebo que nos calma. Y si esa risa no se centra y limita a una carcajada, que alcanza el culmen y desciende para desaparecer, sino que es una prolongada sonrisa, la sensación de bienestar se multiplica. Y las comedias están pensadas también para que captemos esos efímeros momentos de diversión que contribuyen a que percibamos ese halo de feliz bienestar. Como ésta. Realizada con un realismo exótico, a la manera londinense, donde ese exotismo que consigue dar el realismo mágico se logra mediante los efectos de las drogas, o cualquier otro estado alucinógeno (en algún momento recuerda a la marcha de la noche neoyorkina de "Cuernos de Espuma", de Manuel Toledano, con variedad de personajes y distintas disposiciones frente a los avatares del destino y las causalidades). En este caso, ese efecto que provoca esa sonrisa permanente.

 

La clave está en la consciencia de que la vida no está diseñada para que nos pongamos más obstáculos de los que se nos presentan, de no centrarse en la subsistencia. Orientar las acciones a disfrutar, y a aceptar las cosas como vengan. Al mal tiempo, buena cara. Si no encogemos cuando nos mojamos con la lluvia, entonces, ¿dónde está el problema? Si te roban la bici, busca otro medio de transporte. Si no te gusta tu vida, intenta mejorar. Sólo tú puedes cambiarla, es lo que nos dice.

 

Es el punto del profesor de autoescuela; un amargado repleto de prejuicios, que proyecta negatividad, frente al optimismo de la protagonista. Incluso la percepción irreal que tiene de lo que capta de la realidad, además de no ser cierto, es pesimista, si no ya una pésima conclusión de sus frustraciones. Pero no quiere cambiar. Quiere cambiar a Poppy, mediante represión ¿Por qué le irrita tanto esa opción infantil de la protagonista frente a la vida, si no evita las responsabilidades frente a las dificultades? Lo que aporta es una resolución más llevadera de las situaciones complicadas. y sobre todo, no proyectar las limitaciones personales y el malestar contra los que le rodean. Desde mi punto de vista, una forma elogiable de vivir, de la que todos aquellos que piensan que la vida es algo serio de lo que no nos podemos reír, deberían aprender.

 

El Oso de plata que recibió la actriz en el festival de Berlín, muy merecido, por cierto, -se recomienda ver la película en su versión original para que Sally Hawkins pueda ser disfrutada en su lengua original, con sus onomatopeyas y sus risitas particulares-, se lo daba yo a tocos aquellos que realicen el esfuerzo de quitar peso a las contrariedades. Porque se lleva mejor con más endorfinas que con lágrimas. Es la suerte de disfrutar de la vida y ser feliz. Porque la vida es, en su totalidad, una gran broma cósmica, con y de la que podemos y deberíamos reírnos.

 

 

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