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Texto:
Ruth Bautista
Hace unos días comentaba Guillermo del Toro en una
entrevista en Página 2 que los vampiros pertenecen al
imaginario colectivo, al igual que una silla o una vaca. Si todo el
mundo sabe de qué le hablas cuando mencionas a un vampiro, mucho más
en el imaginario colectivo están las brujas (y los brujos). No en
vano allá por los siglos XV a XVII se estiman se quemaron en Europa
medio millón de personas acusadas de serlo.
En estos tiempos, ambos, brujas y vampiros, han
protagonizado los fenómenos fans juveniles más destacados de la
última década. Especialmente este que nos ocupa, el niño mago de la
cicatriz en forma de rayo en la frente. Un niño que ha provocado
todo tipo de comentarios y controversias, que van desde los muchos
estudios que atestiguan que gracias a él innumerables críos se han
aficionado a la lectura, hasta el lado oscuro de la historia, que no
es otro que el rechazo que ha provocado entre muchos estamentos
religiosos, incluyendo al Papa vigente en varias declaraciones, que
lo tachan de incitar a los jóvenes hacia la brujería, y que ha
provocado demandas y juicios de padres contra colegios pidiendo que
se prohibiera su lectura (¿adivinan en qué país puede haber ocurrido
esto?).
La película que adapta el sexto libro (titulado en inglés
Harry Potter and the half blood prince) llega a las
pantallas. Lo que quiere decir que ya van seis y aún quedan las dos
últimas en las que se desarrollará el último libro, en principio
programadas para 2010 y 2011. Harry Potter y el misterio del
príncipe es sin duda, al igual que el libro, el principio del
fin. Como la desarrollada mandíbula del propio Daniel Radcliffe
atestigua desde hace ya un par de películas, Harry ya no es un niño.
Se trata de un adolescente bien crecidito y como tal ha de tomarse
la película, que a todas luces no es una película infantil (aviso
para padres). Ya la historia original, el libro, era bastante ardua,
recorriendo los recuerdos más sórdidos del joven Tom Riddle y
desembocando en el final más trágico de todos los de la saga hasta
el momento.
Al final del pase de prensa al que acudí pude escuchar
algún comentario del tipo: “pero es que se han dejado fuera muchas
de las cosas que pasan en el libro”… con lo cual quedé bastante
sorprendida, pues el comentario provenía de una persona adulta,
“periodista”, y supuestamente entrenada en esto de ver películas. Es
más, que habrá visto todas las películas de la saga. Sí, señores, en
las películas no cabe todo el contenido de un libro. Acabamos de
descubrir América. Y a pesar de la obviedad, alguien pronunció estas
palabras en voz alta. Lo cual me lleva a pensar que en el fondo,
cuando nos enfrentamos a una película como esta, todos nos
retrotraemos al niño que fuimos. Olvidamos lo que conocemos y nos
dejamos llevar.
Por mi parte, la película me ha parecido la más adulta de
la serie, con un principio magnífico que nos permite disfrutar a
vista de pájaro de un Londres de cuento y un desarrollo más que
correcto. Es cierto que al final, en los momentos más emotivos,
quizás haya quedado algo floja e inconexa, como si se hubieran
recortado algunas escenas para poder cumplir con la duración
prevista. Y aún así, casi perfecta. Dejando al igual que cada libro
la sensación de: ¿y cuándo llega la siguiente?
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