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Texto: Ruth
Bautista
Esta chica se hace llamar Diablo Cody. La guionista. Y
pretende que nos creamos que su actitud es maligna. Que es como si
yo me apodara Parlanchina, o Extrovertida, o Mala, mismamente, como
mi gata, quien realmente merece el nombre que lleva. Pero no, uno se
define por sus actos, y Diablo, de diablesa, tiene poco. Por no
decir nada. Que una se acerca al cine y se decide por Juno en la
sesión de madrugada de un viernes porque está cansada, no le apetece
pensar mucho y recuerda haber oído por ahí que se trata de una
comedia indie . Y se acuerda de Little Miss Sunshine,
y se dice, pues a por ésta, ya veremos las otras un sábado, que una
estará más despejada. Pero no, Juno no es Little Miss
Sunshine, ni si quiera se le parece, porque la primera era una
comedia ácida desternillante y la otra es un pedazo de pan. O de
bizcocho, bien dulce y recién salido del horno. Irresistible,
cierto, pero ni siquiera de limón.
Como decía, la historia es una visión sesgada y limitada de
la humanidad, como conjunto, todos buenos y estupendos. Aderezada
con una banda sonora magistralmente elegida para conducirnos por
todo el metraje con esa sonrisa de boba que se le queda a una en la
cara durante horas. Muy bien llevada y desarrollada de la mano de
Kymia Dawson y con detalles algo más elaborados de los bomboncitos
de Belle and Sebastian o incluso Cat Power.
Por lo demás, y dejando de lado a la guionista novel más
publicitada de la historia, que no hay nada como decir que una ha
sido bailarina de
striptease, Jason Reitman hace un buen papel a la dirección, así como
Ellen Page dando vida a una adolescente resuelta, aunque sin
concepto social alguno. Eso sí, enhorabuena a los responsables de
definir a Juno como una adolescente en vaqueros y camiseta, con
coleta y sin maquillaje. Que al ver cualquier otra película de
adolescentes a una le hace pensar que en lugar de ir al instituto,
en su época fue a un monasterio. En cuanto al resto del reparto,
todos bien en su lugar, aunque algo empalagosos. Lástima que a los
padres de Juno den ganas de pegarles un meneo cada vez que hablan (ay,
Diablo, que aquí se te ha ido la mano y en lugar de visión sesgada,
con ellos parece guillotinada) o al menos darles una buena torta
para que despierten, que cualquiera diría que han pasado por la
botica de Nancy Botwin.
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