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Texto:
Marcos
Ripalda
Por nada del mundo querría ser profesor de secundaria. Ni en éste ni
en ningún otro instituto. A lo mejor tras un cristal blindado y con
escolta. No porque
esta
clase que retrata el filme sea un Fuerte Apache juvenil, sino porque
está claro que hasta con las mejores intenciones, el más vocacional
y paciente de los profesores, y no necesariamente en este orden,
entrega el testigo y que les den o que se encargue otro, claro. La
clase, cierto, abruma y
François, un
profesor-estímulo, un profesor franco que se “arriesga” a hablar de
igual-a-igual con sus alumnos, a tomar partido, en suma, y un grupo
de profesores se preparan para hacerle frente con entusiasmo y
toneladas de bicarbonato. La clase es, ante todo, un microuniverso,
una Francia contemporánea en miniatura donde hay conflictos
culturales, religiosos, raciales y hasta deportivos. O sea, una
bomba. Esto, obviamente, desalentaría incluso al más pintao.
Espeluznante. Sí. Y no el remake de Rec, un artefacto
yankee que nada aporta al original, previo paso por caja,
titulado Quarantine.
Rodada en
video digital de alta definición, La clase
retrata, a
través de estrategias propias del documental, la compleja realidad
contemporánea de un instituto de París, donde la
inmigración y los problemas propios del sistema educativo, entre
otros, colisionan. De hecho, el personaje de François pasa de la
complicidad con sus alumnos a la impotencia en cuestión de segundos.
Por tanto, tiene que estar alerta. Sin embargo, no se puede estar
alerta siempre. No es un superhéroe. A este respecto, el director
apunta que cuando leyó la novela le cautivó el
personaje de François, “un profesor que arriesga con sus alumnos y
que se atreve a cometer errores”. Para Cantet, además, la nueva
hornada de jóvenes franceses no es una “generación perdida”, como
bien pudiera parecer, sino que “son inteligentes y tienen intereses.
La responsabilidad de la sociedad radica en que esta generación
salga adelante”. La gracia del asunto, y esto es de mi cosecha, está
en conseguir encaminarlos hacia lo que consideramos que pueden hacer
bien. ¿Pero cómo se transmuta el desaliento que pueden producir
estos jóvenes en verdadero y sincero interés? Afortunadamente, no
hay rastros de intenciones pedagógicas en esta película, y es en su
hiperrealismo donde debemos buscar las costuras por las que
arriesgarnos a crecer en democracia. François, a su modo, lo
intenta. Se equivoque o no. Lo intenta. Y ahí reside su grandeza.
La clase,
adaptación libre de la novela Entre les murs de François
Bégaudeau, fue la ganadora de la Palma de Oro en el Festival
Internacional de Cine de Cannes 2008 y está entre las favoritas para
llevarse el Oscar a la mejor película de habla no inglesa.
Exceptuando a uno de los alumnos y al personaje de François, todos
los jóvenes, los padres de éstos y los profesores son los verdaderos
del instituto en el que se rodó la cinta.
www.golem.es/laclase
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