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LA
HERENCIA
Una película de Per Fly
Interpretada por:
Ulrich Thomsen, Lisa Werlinder, Ghita Nørby, Karina Skands,
Lars Brygmann. |
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Texto:
Marcos
Ripalda
Hay herencias que es mejor no recibir. Es mejor cortar los vasos
comunicantes con el deber que impone la sangre. Hay herencias que es
mejor no compartir. Hay herencias, en fin, que debieron malgastarse.
- Hola, soy tu herencia.
Éste es un buen punto de partida. Y un plagio al anuncio de tu
menstruación, que es lo que tiene pertenecer a la Nación Nocilla,
pospoética para rato, ya verán. Pero no nos desviemos. La
herencia es un film clásico en su planteamiento visual. Nada de
planos epatantes, nada de Dogma, chorradas las justas. Que la
historia se las trae.
- Como herencia que soy, me tomas sí o sí.
Sí, el protagonista la toma. Le dan el cetro. Lo halagan. Le huelen
el culo por si las moscas. Hay algo inquietante en civilizaciones
tan organizadas. Ritos endémicos, costumbres que hunden sus raíces
en el olvido, una enfermiza fidelidad a lo que es artificial y/o
artificio en el ser humano. El orden, la recompensa, el préstamo
sanguíneo. Amarás la norma como a ti mismo. Me amarás a mí y sólo a
mí. Una herencia única e indivisible. Amén.
- ¿Me quieres?, dijo la herencia.
Per Fly rueda con voluntad documental el descenso a los infiernos de
un hombre solo. Un hombre solo, sí, pero que estuvo muy bien
acompañado. Un hombre que hereda y deja de amar. O que aparca en
doble fila, a la espera, aunque sabe que, por mucho que espere, no
habrá hueco que suplir. El hombre es un hueco cerrado, una
imposibilidad. Es lo mismo que le está pasando a Jesulín, pero en
civilizado, conste.
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