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Texto:
Marcos
Ripalda
Malditos
Bastardos
más que una película es una sucesión de cortometrajes y hasta
mediometrajes engarzados. Y algunos son verdaderamente buenos,
incluso delirantes, con ese humor sangriento que caracteriza a
Tarantino desde la excepcional Pulp Fiction, sin olvidar el
bailecito de la oreja en Reservoir Dogs, que maldita la
gracia. A lo que vamos. Que en Malditos Bastardos, aunque
existe una intención de unidad (no deja de ser una película), cada
parte supera al todo. Y esto, obviamente, no es necesariamente malo.
Ahí está Mulholland Drive. Te han tomado el pelo, sí, pero
hay secuencias-cortos que son memorables. Ay, pero aquí no vale
todo, queridos, que una película es un conjunto y para mí como
espectador prima el todo sobre las partes. Perdono, es un decir, una
obra irregular en sus partes, pero muy digna en conjunto. Es
complicado, lo sé. Cosas perdonables de maniático. Por supuesto, la
interpretación que hace Christoph Waltz del coronel Hans Landa es
memorable. Pero no es lo único que apunta medalla. También la puesta
en escena de las conversaciones. Siempre son sorprendentes. Sabes
que la chispa saltará en algún momento y alguien sangrará o bien que
la cosa puede quedar en nada relevante, aunque el retrogusto sugiera
matices que fueron imperceptibles en la primera cata. El caso es que
Tarantino, a pesar de algunos meritorios minutos, ya está dicho, se
da un traspié por acumulación. Francotirador de diversos géneros, el
director es esclavo de su vasta cultura cinematográfica (serie B,
serie Z y las que le pongan) y, por supuesto, de su propio ego, eso
tan etéreo que hizo de Oscar Wilde un genio. Y es que Tarantino
quiere que cada nota sea trascendente. Nunca se conformó con no
desafinar. Pero le ha pasado como a Tim Burton, que le dieron el oro
y el moro para rodar Big Fish y firmó su peor trabajo. Por
exceso. Por acumulación. Por rizar el rizo. Por el triple salto
mortal con tirabuzones. ¿Les suena? También le ocurre esto a
Amenábar con Ágora. Esto no quiere decir que la creatividad o
el buen hacer estén reñida con la pasta o con las grandes
producciones. Pero influye, qué duda cabe. Aunque tampoco se trata
de espicharla siendo pobres. Que a nadie amarga una saneada cuenta
corriente.
Malditos
Bastardos
es violenta, pero no en exceso. Nada que objetar. Y es pura ficción.
Decisiones difíciles de las que depende el curso de la historia.
Hombres rudos, listos, maquiavélicos, amargados, perfectos
imperfectos, unos cabronazos que combinan los uniformes con gusto y
que se van a hacer mucha pupa si alguien no lo remedia.
La película está dividida en episodios. En cuanto a la
historia: entretiene y no dificulta la comprensión histórica. Hace
aguas, pero llega a puerto. No es la obra maestra de Tarantino y sí
un divertimento aderezado con sus mejores trucos.
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