|
Texto:
Bálder Montesinos
Cuando uno es un “agonías” que disfruta viendo dramas como
pocas cosas en la vida, y a resultas de ello ve cientos y miles
durante años, es difícil encontrar alguno de tan baja calidad que lo
haga ser considerado negativamente. Algo de eso ocurre con No
basta una vida; film olvidable pero no desechable, sin marca
pero no insípido, fallido pero no malo. Una comedia amarga donde se
ríe poco y se llora nada. Donde no se desea que llegue el final,
pero tampoco se sufre un gran disgusto cuando llega la hora.
El turco Ferzan Ozpetek, conocido por Hamam, el baño
turco y El hada ignorante firma una película
completamente italiana, rodada en Roma con actores nativos, y pierde
sus señas de identidad personales en una ensalada anodina rodada con
cierta frialdad “sin alma”. El argumento es una vuelta de tuerca de
Los amigos de Peter de Kenneth Brannagh. Mientras que la
película británica pone el acento en la emotividad despertada entre
un grupo de amiguetes por el anuncio sorprendente de una futura
muerte, en No basta una vida la pretendida intensidad
emocional es a posteriori, tras el impacto de un
fallecimiento súbito y repentino. Haciendo paralelismo, es la
diferencia entre hacer cine de suspense o esas pelis de “susto” que
gustan a los adolescentes atontados (perdón por la redundancia… y
perdón por la crueldad). Aún así, como lo importante es el efecto,
este matiz tampoco habría sido determinante de hallarnos ante algo
que realmente succionara adrenalina emocional.
Como quiero y debo ser constructivo daré unas pautas de
cómo este largometraje podría haber llegado a ser bueno. ¡Qué
lástima que el director embarcado en este proyecto durante meses no
hubiese hablado antes conmigo -que no he realizado nunca ni el
reportaje de una comunión- para que en diez minutos hubiese salvado
su película! (Nótese el matiz de ironía autocrítica)
Si la historia que cuentan es buena, es decir: que no es
novedosa (imposible a estas alturas) pero lo parece, y el argumento
tiene gancho en sí mismo y sorprende sin abrumar, apenas hay que
hacer nada más que seguir a los personajes con la cámara, notándose
la presencia de ésta lo menos posible. Como este no era el caso de
la trama de No basta una vida, había que haber intentado
otras vías de captación:
a)
Unos personajes interesantes. Generalmente se consigue más
que con excentricidades efectistas cuando resultan de un modo
espontáneo simpáticos… o repulsivos (El Padrino). Aquí vemos a
una panda de “pijos-progre” a la romana que no nos provoca ninguno
de estos extremos. Al contrario que en Los testigos de
Techiné –léase crítica de este mismo mes- donde justo el
atractivo espontáneo de los complejos personajes es lo que sostiene
todo pese a ser igual de “ricos-guay” o más aún.
b)
Diálogos inteligentes
o un delicioso contraste entre drama y comedia; refrescante
alternancia entre dolor e ironía (Paradigmático y tópico, Woody
Allen).
c)
Ésta es la típica producción que necesitaba una apuesta firme por la
seguridad de actores consagrados o por la audacia de
noveles con talento. Saturno Contro
se queda en un tibio 50% de veteranos con miga compartiendo cartel
con jóvenes y no tan jóvenes guapines de portada de revista. Una
regla casi de oro para adivinar instantáneamente si una película
italiana de cualquier época es un bodrio es si abundan las bellezas
o si el protagonista es un galán que no sea Mastroianni (la
excepción a la regla).
d)
En
países como Italia o España, donde la mitad de la población que paga
hipoteca es “mileurista” o por debajo, los productores afines a la
progresía socialdemócrata debían comprender que la saturación de
historias de pródiga “gente bien” no nos va a hacer sentirnos
identificados por más que presuman de avanzados izquierdosos por
su toxicomanía, su permisividad sexual, su gusto artístico… Eso
también lo era Nerón, y no lo considero un referente del currito que
paga su entrada con esfuerzo. Habíamos quedado en que el cine de
evasión y ensueño material era el de al otro lado del charco ¿no?
e)
Un
estilo de narrar la historia seductor en sí mismo;
arquitectura desnuda y a la vista, el cine por el cine (pero Max
Ophuls, Orson Welles o Carol Reed murieron hace años).
Y, en fin, cuando no tienes ninguno de estos recursos u
otros, siempre te queda la opción de hacer un producto digno que
tampoco provoque acritud o sentimiento de estafa al levantarte de la
butaca o sofá. Esto hay que concedérselo a Ozpetek. Y desearle más
inspiración y ganas en la siguiente.
|