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NO BASTA UNA VIDA
Una película de
Ferzan Ozpetek
Interpretada por:
Stefano Accorsi, Margherita Buy, Pierfrancesco Favino, Serra Yilmaz, Ennio Fantastichini, Ambra Angiolini, Luca Argentero, Michelangelo Tommaso, Isabella Ferrari...

 

 

 

 

 

Texto: Bálder Montesinos

 

Cuando uno es un “agonías” que disfruta viendo dramas como pocas cosas en la vida, y a resultas de ello ve cientos y miles durante años, es difícil encontrar alguno de tan baja calidad que lo haga ser considerado negativamente. Algo de eso ocurre con No basta una vida; film olvidable pero no desechable, sin marca pero no insípido, fallido pero no malo. Una comedia amarga donde se ríe poco y se llora nada. Donde no se desea que llegue el final, pero tampoco se sufre un gran disgusto cuando llega la hora.

 

El turco Ferzan Ozpetek, conocido por Hamam, el baño turco y El hada ignorante firma una película completamente italiana, rodada en Roma con actores nativos, y pierde sus señas de identidad personales en una ensalada anodina rodada con cierta frialdad “sin alma”. El argumento es una vuelta de tuerca de Los amigos de Peter de Kenneth Brannagh. Mientras que la película británica pone el acento en la emotividad despertada entre un grupo de amiguetes por el anuncio sorprendente de una futura muerte, en No basta una vida la pretendida intensidad emocional es a posteriori, tras el impacto de un fallecimiento súbito y repentino. Haciendo paralelismo, es la diferencia entre hacer cine de suspense o esas pelis de “susto” que gustan a los adolescentes atontados (perdón por la redundancia… y perdón por la crueldad). Aún así, como lo importante es el efecto, este matiz tampoco habría sido determinante de hallarnos ante algo que realmente succionara adrenalina emocional.

 

Como quiero y debo ser constructivo daré unas pautas de cómo este largometraje podría haber llegado a ser bueno. ¡Qué lástima que el director embarcado en este proyecto durante meses no hubiese hablado antes conmigo -que no he realizado nunca ni el reportaje de una comunión- para que en diez minutos hubiese salvado su película! (Nótese el matiz de ironía autocrítica)

 

Si la historia que cuentan es buena, es decir: que no es novedosa (imposible a estas alturas) pero lo parece, y el argumento tiene gancho en sí mismo y sorprende sin abrumar, apenas hay que hacer nada más que seguir a los personajes con la cámara, notándose la presencia de ésta lo menos posible. Como este no era el caso de la trama de No basta una vida, había que haber intentado otras vías de captación:

 

a)       Unos personajes interesantes. Generalmente se consigue más que con excentricidades efectistas cuando resultan de un modo espontáneo simpáticos… o repulsivos (El Padrino). Aquí vemos a una panda de “pijos-progre” a la romana que no nos provoca ninguno de estos extremos. Al contrario que en Los testigos de Techiné –léase crítica de este mismo mes- donde justo el atractivo espontáneo de los complejos personajes es lo que sostiene todo pese a ser igual de “ricos-guay” o más aún.

 

b)       Diálogos inteligentes o un delicioso contraste entre drama y comedia; refrescante alternancia entre dolor e ironía (Paradigmático y tópico, Woody Allen).

 

c)       Ésta es la típica producción que necesitaba una apuesta firme por la seguridad de actores consagrados o por la audacia de noveles con talento. Saturno Contro se queda en un tibio 50% de veteranos con miga compartiendo cartel con jóvenes y no tan jóvenes guapines de portada de revista. Una regla casi de oro para adivinar instantáneamente si una película italiana de cualquier época es un bodrio es si abundan las bellezas o si el protagonista es un galán que no sea Mastroianni (la excepción a la regla).

 

d)       En países como Italia o España, donde la mitad de la población que paga hipoteca es “mileurista” o por debajo, los productores afines a la progresía socialdemócrata debían comprender que la saturación de historias de pródiga “gente bien” no nos va a hacer sentirnos identificados por más que presuman de avanzados izquierdosos por su toxicomanía, su permisividad sexual, su gusto artístico… Eso también lo era Nerón, y no lo considero un referente del currito que paga su entrada con esfuerzo. Habíamos quedado en que el cine de evasión y ensueño material era el de al otro lado del charco ¿no?

 

e)       Un estilo de narrar la historia seductor en sí mismo; arquitectura desnuda y a la vista, el cine por el cine (pero Max Ophuls, Orson Welles o Carol Reed murieron hace años).

 

Y, en fin, cuando no tienes ninguno de estos recursos u otros, siempre te queda la opción de hacer un producto digno que tampoco provoque acritud o sentimiento de estafa al levantarte de la butaca o sofá. Esto hay que concedérselo a Ozpetek. Y desearle más inspiración y ganas en la siguiente.

 

 

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