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SUSPIROS DEL CORAZÓN
Una película de Enrique Gabriel

Interpretada por: Roger Coma, María Dupláa, Alejandro Awada, Osvaldo Bonnet, Henny Trayles, Giani Fiori..
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Texto: Bálder Montesinos

 

Entre los 80 y los 90, un director argentino hasta entonces dedicado a la publicidad llamado Eliseo Subiela sorprendió al mundo con dos películas: Hombre mirando al sudeste y El lado oscuro del corazón. Inventaba un nuevo subgénero inclasificable donde se abrazaban el realismo mágico, el surrealismo, la poesía, el humor caritativo a lo Frank Capra, leves toques de denuncia social, misantropía, melancólico sarcasmo... Dudo que algún personaje de cine haya podido marcar tanto mi vida como Oliverio, el radical poeta mujeriego-misógino en busca infructuosa de la hembra que le hiciese volar; el hombre que había enamorado a la Muerte. El delicioso cocktail, que eclipsaba las pequeñas torpezas de oficio que lo plagaban, alcanzó su culminación en la injustamente desconocida No te mueras sin decirme a dónde vas, que nunca me cansaré de reivindicar. Entre risas y sonrisas de cómica ciencia-ficción, latido romántico e insaciable nostalgia (¡¡ !!). Después, el director dio bandazos comerciales traicionando sus esencias con filmes facilones e insustanciales (Despabílate Amor aún se salva, mientras que Pequeños Milagros es poco más que un bodrio). Tan sólo recuperó su magia hace unos años con la incomprendida El lado oscuro del corazón II que no gustó, sorprendentemente, ni a sus incondicionales (debo de ser ahora, por tanto, su fan más radical). A casi todas estas obras se debe el descubrimiento y consolidación del gran actor Darío Grandinetti. Subiela tuvo además un digno heredero de su humorismo humano y sentimental en su compatriota Campanella (El mismo paraguas, la misma lluvia y El hijo de la novia). El éxito de la actual comedia argentina comercial de los Peretti, Tarauto y compañía les debe mucho a ambos; pero aquel personalísimo toque fantástico de Eliseo no tuvo continuadores puros, y hasta la fecha no se ha vuelto a prodigar.

 

Pues bien, ahora de pronto, pasados los años, se estrena una película hispano-argentina que reivindica y asume ese "toque", subrayando sus esencias en el hecho de que el argumento es un mal disimulado plagio-remake del inmortal Vive como quieras de Capra. Con estos elementos, algunos diálogos brillantes y unos secundarios estupendos (no así el galán protagonista, figura anacrónica del Cine que aparentaba estar justamente extinta) parecería difícil hacer algo a medio gas o insípido, pero, tristemente, es lo que más que nada resulta.

 

Un joven español, ejecutivo agresivo rapiñando en Argentina, descubre un día que el horóscopo de una extraña revista de fotonovela predice con sorprendente exactitud sus transacciones empresariales y todo lo que le sucede, así que a punto de cerrar un negocio importante viajará al corazón del país para encontrar la editorial y conseguir su predicción del mes siguiente. Descubrimiento iniciático donde conocerá personajes entrañables y excéntricos que le irán transformando.

 

De acuerdo que la trama es una polladita asumidamente boba y naif, pero eso no sirve de excusa, porque las de Capra y Subiela también lo son y a nadie le importa cuando llora a moco tendido en las escenas cumbre. Entonces, ¿por qué todo lo que en aquellos funcionaba bien engrasado aquí chirría en parte? En primer lugar, esa cosa tan etérea y a la vez tan palpable que es la convicción interna. Nadie debía tener mucha fe en esta producción de circunstancias, y eso se transmite desde que empieza hasta que acaba. Segundo; los personajes de aquellos resultaban encantadores precisamente porque escapaban con auto-ironía de sus propios arquetipos, lo que les brindaba creíble humanidad individual. Tercero; Roger Coma no es James Stewart ni Grandinetti. Cuarto; los diálogos geniales no se intercalaban allí con otros perogrullescos y manidos. Quinto; en la intriga había giros y sorpresas, y cada escena no telegrafiaba la posterior. Y sexto; nos reíamos con las ideas del guión, no de las ideas del guión, como sucede en alguna ocasión en ésta.

 

Aún así, no desaconsejo del todo Suspiros del Corazón. Es bondadosa, grata de ver y amena pese a su previsibilidad (casi toda comedia romántica es predecible por naturaleza). Aunque en alguna ocasión roza el empalago, no llega a caer plenamente en él. Tiene alguna frase memorable y un par de buenos gag. Está cargada de buenas intenciones morales, y, aunque infantil en su tratamiento, parece sincera en su humanismo de izquierdas y en su mensaje anti-consumista. Es decir; aun con sus dieciséis mil defectos y su fallida moralina, no deja de formar parte todavía del Cine que es parte de la solución y no del que es parte activa del problema.

 

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