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TODOS ESTAMON INVITADOS
Una película de
Manuel Gutiérrez Aragón
Interpretada por: Ó
scar Jaenada, José Coronado, Vanessa Incontrada, Iñaki Miramón…

 

 

 

 

 

 

Texto: Bálder Montesinos

 

Aunque hubo otros, pequeños y muy esporádicos, en la escuela, la universidad  o en los sitios de vacaciones, el acoso que se me viene siempre a la cabeza se dio en el instituto. Yo era un “chico listo” que nunca me metía en líos. Aunque me repateaban las cobardías de muchos contra uno, nunca llegaba a sentirme culpable por mi no intervención. “Algo habrá hecho” o “no tengo ni media hostia, no serviría de nada”. Y la cosa quedaba aparcada y olvidada. Un día el amenazado era un amigo y se me cruzó algún cable. Pasé la frontera oponiéndome y me convertí en el acosado número dos. Ante una anunciada paliza contra él y yo, busqué ayuda en amigos, compañeros, profesores. Tipos de metro ochenta me decían que tenía razón pero que “¡cómo se me había ocurrido!”. Otros miraban a la luna de Valencia y cambiaban de conversación; un profesor me dijo paternal y condescendiente: “tenéis que arreglarlo entre vosotros”. Y se “arregló”. Ningún hueso roto pero sí la humillación de ser zarandeado y rodar por el suelo. Y una considerable ración de “mobbing” adolescente lo que restó de curso. Aunque nunca vi gracia alguna en que mi cuerpo bajito se zarandeara colgado por la capucha de una percha, el rebaño de la clase si debía verla a juzgar por sus risotadas. El sujeto que me colgaba allí era un presunto amigo de la infancia, en cuya casa su mamá nos preparaba, no hacía tanto, coca-colas y sandwiches en sus cumpleaños. Hoy en día me consta que es maestro, y supongo que regañará a aquellos que se unan para machacar a un tercero. Dudo que se acuerde de mis miradas de asco o de que un no muy lejano día fue un fascista.

 

La pequeña batallita e inútil heroicidad de alguien que presume –con fundamento- de contrastada cobardía física no sirvió para otra cosa que para imaginarme lo que debe ser un verdadero acoso adulto… y estremecerme de vértigo. Y para degustar de un modo intensísimo, mega-intenso, las grandes películas que retratan la soledad del comprometido, el disidente, el coherente o el valiente: desde Solo ante el peligro a Domicilio privado, pasando por Conspiración de silencio, Horizontes de grandeza, The boxer o La ley del silencio (sí; maniquea y rodada por un delator para justificarse, pero formidable). Ingrato yo; no sigo citando, por no aburrir, otras tantas que me hicieron vibrar como nada.

 

Si afirmo que Todos están invitados es un filme valiente y necesario parece que justifico un producto cinematográficamente deficiente atendiendo a otros valores. No es el caso. Es una película dignísima, de atrapador ritmo, inteligente guión y estimable interpretación de los dos protagonistas principales. Su único “pero” son algunos subrayados toscos, sobre todo en la presentación, con la intención de arrimarnos más al terreno de Manuel Gutiérrez Aragón en su probable mejor película. Totalmente inútiles para rebajar algo que se descalifica por sí mismo: unos paranoicos que meten sin distinción al resto del planeta en el grosero saco de un “vosotros” pronunciado con mueca de odio; unas gentes que, como todos los integristas, se delatan por su nulo sentido del humor y la absoluta incapacidad de sonreír -tan alarmante como la perenne sonrisa forzada del depredador capitalista-.

 

Por esas curiosas y absurdas paradojas que hacen apasionante vivir (a veces), se pueden dar circunstancias curiosas. Un concejal del PP en Guipúzcoa que no moviese en su día un dedo para desmarcarse del saqueo de Irak -que sigue provocando cada día un 5% de los asesinados totales de la historia de ETA- acaba convirtiéndose en un héroe enfrentándose a los mafiosos batasunos defendiendo la libertad de expresión. Y su moralidad deplorable en lo primero (y en otras muchas cosas) no obsta para que su heroísmo en lo segundo sea real, admirable y ejemplar. Sus sesos desparramados por el asfalto a la larga no servirán para nada: la dictadura del miedo seguirá superando a la voz de la indignación, sus propios jefes políticos rentabilizarán demagógicamente el haberle arrastrado bajo los cascos de los caballos… Pero habrá dado un ejemplo fabuloso a todos de cómo se podría acabar con casi todos los problemas causados por algunos hombres, si no hubiese otros que se parapetasen en el miedo, transformando su inocencia primigenia en complicidad.   

 

¿Qué se oculta detrás de ETA? Una manada regional de niñatos oligofrénicos prorrogando gamberrismo y estulticia hasta los cincuenta años… ¿realmente puede mantener en jaque durante otros cuarenta a las fuerzas de seguridad de un país y decidir constantemente en los momentos clave de su política? ¿Sustentados además en una demencial ideología nazi-estalinista que no triunfaría ya ni en un tercer mundo analfabeto?... ¿A quien beneficia su existencia? ¿A los que venden la imagen de lucha en contra? ¿A los que venden la de diálogo? ¿A los separatistas que se “llevan las peras cuando les mueven el árbol”? ¿A los industriales vascos productores de armas que generan empleos (cómplices)? ¿A instituciones y leyes que justifican existencia en el temor a un enemigo? ¿A potencias inversoras con interés en debilitar medianos empresarios locales? ¿A generadores de problemas masivos olvidados al considerar el mayor dilema del país algo que ha matado 4 personas en 4 años?... Hasta la fecha la única connivencia o complicidad admitida fue la de la CIA en el asesinato de Carrero Blanco del 73, por opuesto a la entrada de España en la OTAN. Nada más se sabe desde entonces. El mayor aparato terrorista que persiste en Europa sigue dando muestras de cierta “salud” cuando movimientos con implantaciones a nivel nacional como las Brigadas Rojas italianas, o que recababan como el IRA apoyo de millones de simpatizantes, callaron sus armas hace años. La lógica dice que algo “más allá” mantiene esto. Todo dentro y alrededor de ETA huele a pura mierda. La falta de certeza en las respuestas puede acabar volviéndole a uno tan paranoico como a ellos.

 

Las guerras, esclavitudes e injusticias sociales se dan mientras existen personas prostituidas ganando sustento obedeciendo órdenes. El terrorismo, aunque parezca del otro lado, es otra más de las dictaduras. Al final, los opresores son siempre inmensa minoría; toda tiranía en el mundo es responsabilidad de los cobardes. O de los idiotas… Pero los vascos no son idiotas… Puede que no levantasen piedras de muchos kilos Gandhi o los del movimiento pacifista contra el muro judío en Cisjordania… pero tenían las agallas de no mirar sistemáticamente hacia otro lado.

 

 

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