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Texto: Ángel Muñoz
Realmente a
una película siempre se le pueden aplicar muchos calificativos, pero
pocas veces sucede que tan solo una palabra pueda definir el film
entero, en el caso de UP, sí: es una película PRECIOSA.
No sé cómo lo
hacen los chicos de Pixar, para que cada película sea una obra de
arte. Técnicamente es impecable en cuanto a la animación; hoy hay
muchísimas películas de animación geniales en su realización y en su
técnica, pero Pixar nos da siempre algo más, nos da la historia.
Dejando aparte alguna que en mi opinión se queda algo flojilla, como
Cars, desde Toy Story nos han ido sorprendiendo cinta
tras cinta. Son películas de animación para todos los públicos, y
cuando digo para todos los públicos la inclusión es a la inversa,
los niños disfrutan, pero están plagadas de guiños al mundo adulto,
de alusiones, de enseñanzas morales, de ironía y cinismo.
El primer
cuarto de hora de la película es espectacular. Desgrana rápidamente
toda la vida juntos del protagonista, Carl, y su esposa, Ellie, como
se conocieron, como construyeron juntos un mundo de fantasía y de
sueños, de apoyo mutuo, de amor y de felicidad, de sorpresas, de
pequeños detalles. Acompañado de una banda sonora perfecta su vida
en común va pasando ante nuestros ojos con un sentido estético
magistral hasta la sobrecogedora escena en la que Carl vuelve a su
casa con un globo azul tras la muerte de su adorada Ellie, el
sentimiento de vacío que deja es impresionante.
Carl, sin
Ellie, ve como el mundo en común que llenaron de felicidad y sueños
se va desmoronando. Su pequeña casa está rodeada de obras y de
ávidos promotores inmobiliarios ansiosos por derribar el último
escollo para una gran urbanización. Y el día que lo van por fin a
internar en un asilo, Carl decide retomar las riendas de su vida,
hacer un corte de mangas a esta sociedad que arrincona a los mayores
tratándolos como seres bobalicones e inútiles, a esta sociedad ultra
materialista para la que desde luego valen mucho más cuatrocientos
pisos que los sueños de dos ancianos. Y decide viajar hacia Catarata
Paraíso, el lugar al que siempre quisieron ir juntos y nunca
llegaron, el lugar alrededor del cual construyeron un mundo de
fantasía e ilusión, y viaja con su propia casa, atándola más de
20000 globos y dirigiéndola como un zeppelin hacia el sur, genial.
Pero en esta aventura no irá solo, sino que se encontrará a modo de
polizón a Russell, un adorable e ingenuo explorador empeñado en
ayudarle para conseguir una medalla de ayuda a los mayores. Juntos
emprenderán un viaje maravilloso, llegarán a Catarata Paraíso, pero
nada es lo que parece y la aventura se complica con la entrada en
escena de un personaje crucial en el pasado de Carl, el clásico
villano que no puede faltar en el planteamiento de una película
“infantil”, el bien contra el mal. Te ríes muchísimo, la aventura y
su desenlace son un derroche absoluto de imaginación, son impagables
los perros habladores, el pájaro Kevin, sobre el que se centra gran
parte de la acción… y no desvelo más. En el transcurso de este
periplo, Carl deberá aprender a desprenderse del pasado, de cómo la
vida te da segundas oportunidades para apurarla, nuevos motivos para
sentirse libre, querido y fuerte… como hubiera querido Ellie. Y
Russell y Carl sienten juntos lo que es tener de nuevo una familia.
Es una
película para ir a verla con la mente abierta, dejándose atrapar,
sintiendo con pasión las trepidantes aventuras por Sudamérica,
llorando con la pérdida de Ellie y la soledad de Carl, riéndote con
las decenas de ocurrencias del largometraje. La verdad es que no he
leído aún ni una sola mala crítica, y es que no la hay. Como hemos
empezado diciendo, se la pueden aplicar muchos calificativos, pero
uno la define realmente a la perfección: PRECIOSA.
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