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Texto:
Consuelo
Sánchez Condés
La vida de Ari Folman, el director israelí de este filme de
animación, es toda una historia en sí misma. ¿Cómo no va a tener su
contrapeso en la pantalla? Al terror de haber participado en el
atroz ejército israelí -época que según nos cuenta en la película ha
borrado de su mente atormentada-, le sigue el curioso
paseo mental que
realizó cuando dijera a sus amigos y familiares que se iba a
recorrer el mundo, y harto de este trayecto que acababa de empezar,
y asentado en una pensión en Asia, comenzó su verdadero viaje,
escribiendo tarjetas postales de lugares que no había visitado, pero
que contaba como si lo hubiera hecho. Y esto es sólo un capítulo de
su vida.
Después de este despliegue de creación literaria, se
aventuró en la cinematografía. Pero sus habilidades se desarrollaron
fundamentalmente con documentales sobre el conflicto israelí. Y así,
acumulaba premios con un estilo concienciado. No en balde ha ganado
el Globo de Oro a la mejor película extranjera recientemente con
Vals con Bashir.
A través de secuencias oníricas, de episodios abrumadores
que acongojan, Ari Folman retrata las matanzas de los campos de
refugiados de Sabra y de Chatila.
Lo hace a modo de lo que en época -años 60, norteamérica- se llamó
Nuevo Periodismo. En éste, se mezclaban descripciones
físicas e impresiones psicológicas del personaje junto con sus
textos literales extraídos de la conversación. Este director israelí
toma la técnica de la entrevista, muy usada en los documentales, de
varios personajes (dos de los cuáles han ocultado su verdadera
identidad; el resto son reales en su versión animada) y la mezcla
muy oportunamente con los sueños y los recuerdos borrosos causados
por los traumas de las ametralladoras y las muertes.
Su alterego
dibujado -muy logrado por cierto, viéndole en persona- se
encuentra con un amigo que tiene un problema: una pesadilla con
perros le despierta angustiado todas las noches. No sabe lo que
significa, pero pretende de Ari que pueda ayudarle a recordar. Es
cuando el mismo director se da cuenta de que él no recuerda esa
etapa; la ha borrado de su memoria. Y así, comenzará un
via crucis, buscando a
otros compañeros que puedan darle datos. Entre estos personajes
entrevistados se encuentra el famoso periodista Ron Ben-Yishai, el
único que no es un soldado y cuyo personaje actúa como un verdadero
héroe desarmado a los ojos de los demás, armados físicamente, pero
sin defensa psicológica alguna, en un Beirut ocupado y en el que el
presidente del Líbano, Bashir, llevado al poder con la ayuda de su
aliado israelí, Sharon, acaba de ser asesinado.
Destaca lo absurdo de matar inocentes, así como de que sean
los niños, paradigma de la inocencia, quienes cargan con armas.
Destaca con las tonalidades amarillo vs azul la frialdad de ese tipo
de actuaciones, cuya censura pretende remarcar. Y destaca el cúlmen
de querer huir de una realidad desagradable, huir con la imagen
visionaria de la mujer fugaz y enorme, cuya otra vertiente es la del
dolor y los quejidos por la impotencia y las injusticias.
Sencillamente, innovadora. Simplemente, impactante.
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