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SEVILLA FESTIVAL DE CINE EUROPEO

Del 5 al 13 de noviembre

Julia's dissappearance

 

 

The Player

 

 

Una historia de viento

 

 

Bad Family

 

 

When we leave

 

 

Slovenian girl

 

 

 

Black Field

 

 

Texto: María Luisa Ripalda

 

Hace buen tiempo en Sevilla y ello favorece mucho la afluencia del público a las salas. Éste, en su mayoría entre los 28 y los 48 años, responde al prototipo del consumidor cinematográfico: de buen aspecto, look casual, que se cuida y tiene tiempo, con improbables problemas de solvencia inmediata. Este certamen, al ceñirse exclusivamente a la producción cinematográfica europea, se constituye como un magnífico escaparate para poder ver títulos que no se prodigan en las carteleras convencionales.

 

Al no poder permitirme asistir a este festival todos los días por cuestiones laborales me concentro en tres de ellos. En cuanto a la organización, está bastante bien lo de las entradas y las horas de comienzo de la proyección (por lo menos en la segunda sede, que es a la que voy, Cines Nervión; la sede principal está en el Lope de Vega). No obstante, la nota negra es que dejan entrar una vez comenzada la película, y os puedo asegurar de primera mano que llegan tarde muchas personas. Así que aprovecho y me quejo públicamente de que dejen entrar en la sala de proyección a todos los espectadores, independientemente de la hora a la que lleguen. Me molestan las continuas irrupciones de personas tardías, que muy posiblemente lo son porque les da la gana, y lo que menos le importa, me juego lo que ustedes quieran, es la película, y sí mucho poder decir “yo estuve allí” a los demás.

 

Primer día, martes 9 de noviembre. La primera que veo se enmarca en la sección EFA (largometrajes preseleccionados por la European Film Academy para los premios anuales europeos), y se llama Julia's disappearance (La desaparición  de Julia en español); no sé por qué esa manía de todo en inglés, cada vez me cabrea más. ¿Es que para ser modernos todo debe estar en inglés? ¡Valiente chorrada! De nacionalidad alemana, está rodada de manera muy actual con una cámara que se acerca mucho a los personajes y a la vez muy rápida, con predominio de los tonos obscuros. Trata del efecto del paso de los años, principalmente en la generación de los cincuenta (de edad). Generación del baby-boom que goza de posibilidades económicas y cuyos problemas se centran en el paso del tiempo. Las conversaciones típicas de la alimentación y el ejercicio para conservarse joven, verdaderas obsesiones de los mayores que viven bien (¡qué me lo cuenten!; lo mismo pasa aquí en España), y quiere evitar el deterioro físico y psíquico, verdaderas antesalas del dolor y la muerte. Este asunto se trata bastante bien con un trío de mujeres de tres generaciones, que comparten el mismo autobús y no se conocen entre ellas, como desencadenantes de las situaciones. El final terriblemente feliz, evita los lares peligrosos, y el amor, siempre el amor.

        

La segunda pertenece a la sección Wild Tulips, ya que este año se dedica al cine producido en Holanda (cada año se dedica a una cinematografía europea). He visto The Player, un documental sobre la adicción al juego. También se plantea a través de tres personajes: un corredor de apuestas de carreras de caballos, un presidiario, y un tercer personaje, del que se dice menos, pero si se le ve atrapado por el juego. Muy interesante, aunque muchos espectadores abandonaron el cine antes de terminar la película. El primero de los personajes es el que tiene más protagonismo ya que rememora, no solo su propia historia, sino la historia de su padre que fue un completo adicto al juego. Como apuntes, muy conseguido un diálogo entre un juez y el presidiario. Al final se quedó la productora del documental, Carmen Cobos (curiosamente española) para responder a preguntas sobre la película.

 

La tercera fue Una Historia de Viento (1988) de Yoris Ivens, dentro de una retrospectiva y homenaje a este director ya fallecido. Éste ha sido uno de los documentales más extravagantes que he visto nunca. Un señor con 90 años, el propio director, que "se supone" se va a rodar el sonido del viento a China. Una mezcolanza de imágenes y de situaciones muy difíciles de desenmarañar. Ciertamente, algunas imágenes tienen gran calidad visual. También se salieron del cine algunos; en este caso, era totalmente comprensible. Delirios de intelectual.

 

Segundo día, miércoles 10 de noviembre. Antes de comenzar con la crónica de esta jornada, detengámonos de nuevo en la logística del festival, y en concreto en el acto heroico, por parte del espectador, de proceder a depositar la papeleta de votación del Gran Premio del Público a la mejor película de la selección EFA. La papeleta te la dan en la entrada a la sala de proyección.  Al no tener luz suficiente ésta, no puedes rellenar los datos que te piden (porque no ves), a saber: título de la película, nombre, número de teléfono y tu e-mail. Te dices, espera a que termine la proyección. Termina. ¡Ah!, pero sigue la misma luz tenue, sólo un pequeño haz de luz se cierne en el espacio de la urna-recoge-papeletas. Ya algunos, astutamente, han tomado sitio en los bordes mínimos del estrado de la urna y proceden a rellenar la papeleta, donde resisten la avalancha de algunos espectadores (que no me explico cómo han conseguido rellenarla, de pie y sin luz) que pretenden saltar para depositar su voto. ¡Ah!, y tienes que marcharte rápido porque colapsas la salida, y además porque la sala espera a los espectadores de la siguiente proyección. Así que ahí va mi pregunta, ¿cómo consiguieron esos héroes rellenar y depositar la papeleta?

 

Bueno, vamos a lo que vamos. Las tres películas que he visto este día  pertenecen a la sección EFA, lo que implica que se puede votar en todas, de aquella manera, claro. Bad Family, de Aleksi Salmenperä, película de nacionalidad finesa se encuadra plenamente en lo que podría llamarse "cine que surgió del frío": gélidos paisajes, economía de palabra y gesto, orden y limpieza externa en contraposición a volcánicos interiores. Tengo que confesar que es un cine que me fascina. Será por lo de la diferencia. Personajes intensos en una puesta en escena limpia e íntima para enfrentar algo sucio. Totalmente aconsejable.

 

When We Leave de Feo Adalag (Alemania) es una película que a mí, personalmente, me ha atacado a los nervios. Mérito indudable, puesto que consigue sublevar al espectador, y sobre todo a las espectadoras. Historia de una joven mujer maltratada y despreciada por su propia familia, como consecuencia de una cultura intolerante que somete a sus miembros a lo peor de sí misma y transmite esa sinrazón de generación en generación. Hay una frase en la película que resume perfectamente esta opresión que dice más o menos: Si les das a elegir entre su hija y la comunidad, elegirán a la comunidad. Si bien, a veces, cae en un sentimentalismo facilón y sobran cosas, los aciertos superan las debilidades del film. El tratamiento visual es bueno y actual. Y vuelvo a repetir que remueve, ¡vaya si lo consigue!

 

La película croata Donkey me parece bastante floja. Después del buen hacer de las anteriores, me aburrí soberanamente. Fábula de reencuentro forzado, con el mensaje de que, a pesar de todo, tenemos que seguir conviviendo y perdonar. Aplaudieron algunos espectadores: no sé muy bien el porqué. En fin hay gustos para todos. Finalizo comentando que sí hubo algo que este film consiguió dejarnos claro artísticamente, por supuesto, de cierta cultura de Herzegovina: el poco respecto que los hombres le tienen a las mujeres. Esto se está convirtiendo en universal. Bueno, siempre fue universal emplear la violencia física y psíquica contra la mujer. El cine viene a recordarnos qué poco hemos mejorado. Y después dirán que el feminismo no es necesario, que está pasado de moda. ¿No es necesario para quién?

 

Tercer día, 11 de noviembre. Esta vez solo dos películas, Estoy totalmente atiborrada de sensaciones, lo que me produce cierta desazón. La primera es Slovenian Girl película eslovena de Damjan Kozole. Una joven que siempre está triste es la imagen dominante de este largometraje. Bien rodada, se nota el toque del cine del Este en sus personajes desesperanzados, poco comunicativos, de vida gris, cargado con la frustración de no pertenecer al club  los elegidos. Para ella vale todo. La única luz en el túnel es la relación paterno-filial.

 

Black Field, de Vardis Marinakis, es una película al principio densa, oscura (como el recinto carcelario del monasterio), que luego deja paso a la naturaleza en su verdor, como correlato objetivo de la experiencia de sus personajes. Está situada en la Grecia, ocupada por los otomanos, de mediados del siglo XV. Un soldado jenízaro herido aparece en las puertas de un convento de monjas. Esta circunstancia desata una serie de cambios profundos en la concepción del mundo de sus personajes. Destacan la interpretación del personaje femenino, por su conseguida ambigüedad, y la atmósfera que envuelve las imágenes.

 

Como punto final y contemplando el palmarés, esta última película ha obtenido el Giraldillo de Plata de la Sección Oficial y el Premio a la Mejor Actriz a Sofia Georgovassili. Apuntaba, ciertamente.

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