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Julia's dissappearance

The Player

Una historia de viento

Bad Family

When we leave

Slovenian girl

Black Field

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Texto:
María Luisa Ripalda
Hace buen tiempo en Sevilla y ello favorece mucho la afluencia del
público a las salas. Éste, en su mayoría entre los 28 y los 48 años,
responde al prototipo del consumidor cinematográfico: de buen
aspecto, look casual, que se cuida y tiene tiempo, con
improbables problemas de solvencia inmediata. Este certamen, al
ceñirse exclusivamente a la producción cinematográfica europea, se
constituye como un magnífico escaparate para poder ver títulos que
no se prodigan en las carteleras convencionales.
Al no poder permitirme asistir a este festival todos los días por
cuestiones laborales me concentro en tres de ellos. En cuanto a la
organización, está bastante bien lo de las entradas y las horas de
comienzo de la proyección (por lo menos en la segunda sede, que es a
la que voy, Cines Nervión; la sede principal está en el Lope de
Vega). No obstante, la nota negra es que dejan entrar una vez
comenzada la película, y os puedo asegurar de primera mano que
llegan tarde muchas personas. Así que aprovecho y me quejo
públicamente de que dejen entrar en la sala de proyección a todos
los espectadores, independientemente de la hora a la que lleguen. Me
molestan las continuas irrupciones de personas tardías, que muy
posiblemente lo son porque les da la gana, y lo que menos le
importa, me juego lo que ustedes quieran, es la película, y sí mucho
poder decir “yo estuve allí” a los demás.
Primer día, martes 9 de noviembre. La primera que veo se enmarca en
la sección EFA (largometrajes preseleccionados por la European
Film Academy para los premios anuales europeos), y se llama
Julia's disappearance (La desaparición de Julia en
español); no sé por qué esa manía de todo en inglés, cada vez me
cabrea más. ¿Es que para ser modernos todo debe estar en inglés?
¡Valiente chorrada! De nacionalidad alemana, está rodada de manera
muy actual con una cámara que se acerca mucho a los personajes y a
la vez muy rápida, con predominio de los tonos obscuros. Trata del
efecto del paso de los años, principalmente en la generación de los
cincuenta (de edad). Generación del baby-boom que goza de
posibilidades económicas y cuyos problemas se centran en el paso del
tiempo. Las conversaciones típicas de la alimentación y el ejercicio
para conservarse joven, verdaderas obsesiones de los mayores que
viven bien (¡qué me lo cuenten!; lo mismo pasa aquí en España), y
quiere evitar el deterioro físico y psíquico, verdaderas antesalas
del dolor y la muerte. Este asunto se trata bastante bien con un
trío de mujeres de tres generaciones, que comparten el mismo autobús
y no se conocen entre ellas, como desencadenantes de las
situaciones. El final terriblemente feliz, evita los lares
peligrosos, y el amor, siempre el amor.
La segunda pertenece a la sección Wild Tulips, ya que este
año se dedica al cine producido en Holanda (cada año se dedica a una
cinematografía europea). He visto The Player, un documental
sobre la adicción al juego. También se plantea a través de tres
personajes: un corredor de apuestas de carreras de caballos, un
presidiario, y un tercer personaje, del que se dice menos, pero si
se le ve atrapado por el juego. Muy interesante, aunque muchos
espectadores abandonaron el cine antes de terminar la película. El
primero de los personajes es el que tiene más protagonismo ya que
rememora, no solo su propia historia, sino la historia de su padre
que fue un completo adicto al juego. Como apuntes, muy conseguido un
diálogo entre un juez y el presidiario. Al final se quedó la
productora del documental, Carmen Cobos (curiosamente española) para
responder a preguntas sobre la película.
La tercera fue Una Historia de Viento (1988) de Yoris
Ivens, dentro de una retrospectiva y homenaje a este director ya
fallecido. Éste ha sido uno de los documentales más extravagantes
que he visto nunca. Un señor con 90 años, el propio director, que
"se supone" se va a rodar el sonido del viento a China. Una
mezcolanza de imágenes y de situaciones muy difíciles de
desenmarañar. Ciertamente, algunas imágenes tienen gran calidad
visual. También se salieron del cine algunos; en este caso, era
totalmente comprensible. Delirios de intelectual.
Segundo día, miércoles 10 de noviembre. Antes de comenzar con la
crónica de esta jornada, detengámonos de nuevo en la logística del
festival, y en concreto en el acto heroico, por parte del
espectador, de proceder a depositar la papeleta de votación del Gran
Premio del Público a la mejor película de la selección EFA. La
papeleta te la dan en la entrada a la sala de proyección. Al no
tener luz suficiente ésta, no puedes rellenar los datos que te piden
(porque no ves), a saber: título de la película, nombre, número de
teléfono y tu e-mail. Te dices, espera a que termine la proyección.
Termina. ¡Ah!, pero sigue la misma luz tenue, sólo un pequeño haz de
luz se cierne en el espacio de la urna-recoge-papeletas. Ya algunos,
astutamente, han tomado sitio en los bordes mínimos del estrado de
la urna y proceden a rellenar la papeleta, donde resisten la
avalancha de algunos espectadores (que no me explico cómo han
conseguido rellenarla, de pie y sin luz) que pretenden saltar para
depositar su voto. ¡Ah!, y tienes que marcharte rápido porque
colapsas la salida, y además porque la sala espera a los
espectadores de la siguiente proyección. Así que ahí va mi pregunta,
¿cómo consiguieron esos héroes rellenar y depositar la papeleta?
Bueno, vamos a lo que vamos. Las tres películas que he visto este
día pertenecen a la sección EFA, lo que implica que se puede votar
en todas, de aquella manera, claro. Bad Family, de
Aleksi Salmenperä, película de nacionalidad finesa se encuadra
plenamente en lo que podría llamarse "cine que surgió del frío":
gélidos paisajes, economía de palabra y gesto, orden y limpieza
externa en contraposición a volcánicos interiores. Tengo que
confesar que es un cine que me fascina. Será por lo de la
diferencia. Personajes intensos en una puesta en escena limpia e
íntima para enfrentar algo sucio. Totalmente aconsejable.
When We Leave
de Feo Adalag (Alemania) es una película que a mí, personalmente, me
ha atacado a los nervios. Mérito indudable, puesto que consigue
sublevar al espectador, y sobre todo a las espectadoras. Historia de
una joven mujer maltratada y despreciada por su propia familia, como
consecuencia de una cultura intolerante que somete a sus miembros a
lo peor de sí misma y transmite esa sinrazón de generación en
generación. Hay una frase en la película que resume perfectamente
esta opresión que dice más o menos: Si les das a elegir entre su
hija y la comunidad, elegirán a la comunidad. Si bien, a veces, cae
en un sentimentalismo facilón y sobran cosas, los aciertos superan
las debilidades del film. El tratamiento visual es bueno y actual. Y
vuelvo a repetir que remueve, ¡vaya si lo consigue!
La película croata Donkey me parece bastante floja.
Después del buen hacer de las anteriores, me aburrí soberanamente.
Fábula de reencuentro forzado, con el mensaje de que, a pesar de
todo, tenemos que seguir conviviendo y perdonar. Aplaudieron algunos
espectadores: no sé muy bien el porqué. En fin hay gustos para
todos. Finalizo comentando que sí hubo algo que este film consiguió
dejarnos claro artísticamente, por supuesto, de cierta cultura de
Herzegovina: el poco respecto que los hombres le tienen a las
mujeres. Esto se está convirtiendo en universal. Bueno, siempre fue
universal emplear la violencia física y psíquica contra la mujer. El
cine viene a recordarnos qué poco hemos mejorado. Y después dirán
que el feminismo no es necesario, que está pasado de moda. ¿No es
necesario para quién?
Tercer día, 11 de noviembre. Esta vez solo dos películas, Estoy
totalmente atiborrada de sensaciones, lo que me produce cierta
desazón. La primera es Slovenian Girl película eslovena de
Damjan Kozole. Una joven que siempre está triste es la imagen
dominante de este largometraje. Bien rodada, se nota el toque del
cine del Este en sus personajes desesperanzados, poco comunicativos,
de vida gris, cargado con la frustración de no pertenecer al club
los elegidos. Para ella vale todo. La única luz en el túnel es la
relación paterno-filial.
Black Field,
de Vardis Marinakis, es una película al principio densa, oscura
(como el recinto carcelario del monasterio), que luego deja paso a
la naturaleza en su verdor, como correlato objetivo de la
experiencia de sus personajes. Está situada en la Grecia, ocupada
por los otomanos, de mediados del siglo XV. Un soldado jenízaro
herido aparece en las puertas de un convento de monjas. Esta
circunstancia desata una serie de cambios profundos en la concepción
del mundo de sus personajes. Destacan la interpretación del
personaje femenino, por su conseguida ambigüedad, y la atmósfera que
envuelve las imágenes.
Como punto final y contemplando el palmarés, esta última película ha
obtenido el Giraldillo de Plata de la Sección Oficial y el Premio a
la Mejor Actriz a Sofia Georgovassili. Apuntaba, ciertamente. |