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DEXTER. TEMPORADA UNO
Una serie de Showtime

Interpretada por: Michael C Hall, Julie Benz, Jennifer Carpenter, Erik King, Lauren Velez, David Zayas y James Remar.

Texto: Ruth Bautista

 

Existe una razón para ver Dexter y se llama Michael C Hall. De hecho, es casi la única razón para hacerlo.

 

Porque Dexter no es A dos metros bajo tierra, a pesar de contar con Michael (alias David Fischer) o con Michael Cuesta en la producción y dirección de algunos capítulos, ni es CSI Miami, aunque sea una serie de policías basada en dicha ciudad (que digo yo, puestos a “inspirarse” en CSI lo suyo sería haberlo hecho en Las Vegas), ni es Los Soprano, aunque el protagonista sea un asesino en sus ratos libres.

 

La serie está narrada en primera persona, al estilo del pastel de Anatomía de Grey o de la estupenda Sexo en Nueva York, introduciéndonos por la vía fácil en la cabeza de un asesino en serie que lleva una doble vida. A priori éste es uno de los atractivos de la serie, el atrevimiento de convertir a un asesino en alguien con quien el público empatice. Pero para ello se utiliza el truco más viejo del mundo: la justificación moral, constante y repetitiva, con flashbacks en todos los episodios en los que aparece hasta la saciedad el arquetipo de Pepito Grillo, en este caso, Harry Morgan, (James Remar, otrora indecente millonario en Sexo en Nueva York) aquí padre adoptivo del protagonista, quien se encarga de recordarle en todo momento que los asesinatos son en bien superior de la comunidad. Y esto es lo que convierte a Dexter en una serie algo mediocre, dirigida al gran público, bastante ocluso de mente según los creadores, y aleja la serie de otras que marcaron historia en la televisión, como A dos metros bajo tierra, Sexo en Nueva York o Los Soprano por romper todas ellas con los convencionalismos sociales y moralinas establecidas en un salto sin red, ni escudos, ni guardaespaldas. Pero es que Showtime no es la HBO.

 

Una de las mayores deficiencias de la serie es no contar con un solo secundario que merezca la pena. Y eso que son pocos: la hermana corta de miras, la novia boba y sosa (¿no es una Ruth Fischer joven?), la jefa insoportable e igual de estúpida que la hermana y dos o tres compañeros de trabajo insulsos. ¿Es tan difícil crear personajes inteligentes e interesantes?

 

Por el contrario, uno de los puntos fuertes de la serie es su estética (aunque ¿qué serie americana del momento tiene una mala estética?), desde los títulos de crédito, una adaptación poco discreta de los de A dos metros bajo tierra, hasta la fotografía y dirección, que presenta una ciudad acalorada, grasienta, cargada y repleta de cubanos.

 

A pesar de los puntos flojos de la serie, como decía al comienzo seguiremos viendo Dexter por la inconmensurable presencia de Michael C Hall, capaz de dar peso y valor por sí solo a una serie que de otro modo sería mediocre, moviéndose en las aguas de la ambigüedad consigue rescatar al personaje de Dexter Morgan y situarlo en un plano muy superior al creado por los guionistas, para quienes la ecuación: serial killer + sangre + sexo (posiblemente los pilares del entretenimiento de una parte de la cultura popular americana) se corresponde con un éxito de audiencia asegurado. Por estos lares necesitamos algo más, ese extra que nos aporta el magnetismo de un actor tan peculiar como talentoso, ambiguo, misterioso e indefinible.

 

 

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