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HÉROES
Una serie de
NBC
Interpretada por:
Milo Ventimiglia, Sendhil Ramamurthy, Ali Larter, Hayden
Panettiere, Adrian Pasdar, Masi Oka, Santiago Cabrera, Grez
Grunberg, Zachary Quinto. |
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Texto:
Marcos
Ripalda
A la espera de que en Estados Unidos se reconozca el trabajo de los
guionistas, porque en España, por supuesto, eso ni se plantea,
podemos pasar el rato (qué triste) con la serie Hospital Central,
prodigio ejemplar de cómo no debe hacerse una serie, por mucho
share que tenga, o deleitarnos con Héroes, que, sí, es
norteamericana, y te pilla del pescuezo a los cinco minutos del
primer capítulo o, incluso, si me apuras, antes. Claro que aquí hay
un joven con la habilidad de viajar en el tiempo y se narran
complots embrollados para salvar o joder el planeta, no actores que
hacen de médicos y que parecen lo que son: actores haciendo de
médicos. Punto. Y espero que aparte. No prometo nada.
Héroes, desde luego, no tiene nada que ver con los bodrios que se
han hecho a partir de las muy libres adaptaciones cinematográficas
de los clásicos cómics de superhéroes, caso de la risible X-Men 3,
de la infumable Daredevil o del pestiño que nos endiñaron con
la de los 4 Fantásticos. Y es que, a ver si aprendemos o, al
menos, leemos con más atención los originales impresos (si los hay):
los buenos y lo malos no están en continentes psicológicos separados
por un ancho mar. Que en cada persona hay un poco de ambos. Que hay
que evitar las tipificaciones sin olvidarse del género en el que se
juega el partido. Bla, bla, bla. En Héroes sí que hay,
lamentablemente, aunque la despeina poco, mucha conversación y
discursito “Save the World”, pero se soporta, ya digo, por el bien
de las virtudes que atesora: la impecable realización, el buen hacer
del reparto (que hace creíble al personaje que interpreta, y esto
deberían tatuárselo al rojo y en la frente a muchos actores), la
rocambolesca trama, las secuencias de acción y los efectos
especiales, entre otras.
Presenciamos un cómic visual que corta, pega, engulle, plagia (es un
arte) y dispara a bocajarro con lo mejor, y alguna que otra
metedurita de gamba, cierto, de los cómics de mutantes. Sí, la serie
engancha. Por el dibujante con poderes precognitivos, por la forzuda
buenorra y el despistado que descubre su inmenso poder de chamba. Ya
era hora de que una serie de mutantes no fuese una algarabía de
despropósitos y topicazos diseñada para pubertos mentales con escasa
capacidad crítica y hasta de raciocinio. Héroes, no superhéroes, el
matiz es importante. Y no todos son precisamente héroes, claro. Ni
todos los héroes tienen poderes. Larga vida a Sylar. Malo, malo…
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