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Texto:
Marcos
Ripalda
Frank Bascombe. Un nombre a recordar. Bascombe es el personaje que
narra en primera persona esta gran novela que pone punto y final a
la excelente trilogía iniciada con El periodista deportivo,
que otorgó a Ford el reconociendo literario que ya merecía por sus
relatos, y seguida por El día de la Independencia, que obtuvo
los premios Pulitzer y PEN/Faulkner.
¿Qué queda por contar? Ford responde que todo queda por contar y
hace mantequilla con el tiempo. Y es que se puede contar un día de
este modo: “Pasaron el día columpiándose y luego vieron la tele
hasta que les entró sueño”, que es lo que haría yo, por ejemplo, o
bien extenderse, sin aburrir, en los pormenores de la existencia de
este Frank Bascombe, al que hayamos en un período de incertidumbre
emocional tras superar un cáncer de próstata, que no se diferencia
demasiado, probablemente, de cualquier otro tipo. Y es que, una vez
más, es tanto o más importante el cómo que el qué. Bascombe, por
supuesto, profundiza, y en este ejercicio de introspección de lo
cotidiano se adivina lo extraordinario; un análisis, por cierto, que
podría resultar cursi, pomposo o fuera de lugar en la mayoría de los
escritores. A este respecto, Ángel Zapata me dijo una vez en uno de
sus talleres literarios, que lo más relevante de Ford es que es
capaz de calzarte una confesión, una opinión, un paréntesis tremendo
de esos que miran hacia dentro, sin que se resienta la narración y,
lo más importante, sin que parezca que está rellenando páginas o que
el flujo de la narración se le fue. Bueno, no dijo exactamente eso,
pero el espíritu, espero, permanece. Y no puedo estar más de
acuerdo.
Bascombe se interroga constantemente. No se obsesiona, conste, pero
piensa. Puede detenerse y hacerlo. Precisamente esta posibilidad de
detenerse hace factible la reflexión. Ha llegado el momento de mirar
en todas direcciones. Con calma. Su vida está encarrilada, sí, bien
lo sabe, pero hay nudos que aflojar. Dejar que la presión
desaparezca. Y si antes lo hacía con empeño, debe seguir haciéndolo.
Continuar. Nada sencillo en nuestros días. Pero que todos,
necesariamente, hacemos. Seguimos. Chocamos. Alternamos. Miramos
hacia otro lado. Permanecemos.
Acción de Gracias
relata en muchas páginas unos pocos días. Los días previos del
festivo al que alude el título, en la época en que Bush y Gore se
estaban abofeteando de lo lindo, y todos sabemos cómo acabó.
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