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CATHEDRAL

Raymond Carver

Vintage

Año 1989

 

Texto: Marcos Ripalda

 

Su estilo es lacónico, totalmente desprovisto de aderezos. Practica un realismo sucio, a la manera del maestro Hemingway, con el objetivo de ahondar en las intrahistorias de personajes marcados por el fracaso y la desilusión vital. Como prueba de ello, encontramos el relato "Vitaminas", donde un hombre asiste al derrumbamiento de su precaria vida mientras busca un frasco de vitaminas. Esta instantánea sabiamente elegida es la que condensa el sentido vital de la historia. Carver emplea las palabras justas para narrar un hecho cotidiano que llega a adquirir proporciones bíblicas gracias a su hábil planteamiento. Muchos de sus relatos retratan una existencia anodina en la que existe la impresión de un peligro inminente. Carver no sentencia, discurre. No es un escritor de frases lapidarias, huye de ellas. Pretende contar de la forma más sencilla posible lo que es tan complicado, precisamente, con palabras. A través de hechos, de acciones, no de discursos pretenciosos o preciosistas. Decir lo justo y hasta quedarse a las puertas de decirlo. O decirlo claramente, que no se trata de ser crípticos. Las reglas, una vez dominado un estilo, pueden saltarse.

 

Un amigo me señala que no encuentra nada especial en los relatos de este escritor norteamericano. Me dice que son historias de gente común con problemas. Cierto. Evito no soltarle un mamporro y le indico que esos problemas, precisamente, son universales, es decir, que los puede tener o los tiene todo el mundo. Además, Carver exige un esfuerzo. Me dice mi amigo que no le costó leerlos, pero que le aburrieron. Porque no pasa nada. El relato acaba y te quedas igual. Le digo que lo que sucede es que el meollo no se ve a simple vista. Pues si no se ve, no está. Eso me recuerda un refrán pero se lo omito. Le digo que Carver revisaba un relato cincuenta veces. Pues parecen escritos de un tirón. ¿Ves? Ahí está su grandeza. Los relatos hay que pulirlos. Sólo los peces más bonitos estarán en la pecera. Grandes como Borges, Ayala o Cortázar son conocidos por este género. Y tienen una ventaja. Son textos breves. Condensados. Un relato de Carver no tiene altibajos. Ningún relato, de hecho, debería tenerlos. Escribí "Ruido" queriendo ser Carver. Ah, sí, lo leí. No lo entendí. Ya. ¿Te suena de algo lo de que el bosque no deja ver los árboles?

 

El director Robert Altman dirigió en 1993 el filme Vidas cruzadas, basado en una selección de relatos de Carver. Muy recomendable también.

 

 

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