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Texto:
Marcos
Ripalda
Su estilo es lacónico, totalmente desprovisto de aderezos. Practica
un realismo sucio, a la manera del maestro Hemingway, con el
objetivo de ahondar en las intrahistorias de personajes marcados por
el fracaso y la desilusión vital. Como prueba de ello, encontramos
el relato "Vitaminas", donde un hombre asiste al derrumbamiento de
su precaria vida mientras busca un frasco de vitaminas. Esta
instantánea sabiamente elegida es la que condensa el sentido vital
de la historia. Carver emplea las palabras justas para narrar un
hecho cotidiano que llega a adquirir proporciones bíblicas gracias a
su hábil planteamiento. Muchos de sus relatos retratan una
existencia anodina en la que existe la impresión de un peligro
inminente. Carver no sentencia, discurre. No es un escritor de
frases lapidarias, huye de ellas. Pretende contar de la forma más
sencilla posible lo que es tan complicado, precisamente, con
palabras. A través de hechos, de acciones, no de discursos
pretenciosos o preciosistas. Decir lo justo y hasta quedarse a las
puertas de decirlo. O decirlo claramente, que no se trata de ser
crípticos. Las reglas, una vez dominado un estilo, pueden saltarse.
Un amigo me señala que no encuentra nada especial en los relatos de
este escritor norteamericano. Me dice que son historias de gente
común con problemas. Cierto. Evito no soltarle un mamporro y le
indico que esos problemas, precisamente, son universales, es decir,
que los puede tener o los tiene todo el mundo. Además, Carver exige
un esfuerzo. Me dice mi amigo que no le costó leerlos, pero que le
aburrieron. Porque no pasa nada. El relato acaba y te quedas igual.
Le digo que lo que sucede es que el meollo no se ve a simple vista.
Pues si no se ve, no está. Eso me recuerda un refrán pero se lo
omito. Le digo que Carver revisaba un relato cincuenta veces. Pues
parecen escritos de un tirón. ¿Ves? Ahí está su grandeza. Los
relatos hay que pulirlos. Sólo los peces más bonitos estarán en la
pecera. Grandes como Borges, Ayala o Cortázar son conocidos por este
género. Y tienen una ventaja. Son textos breves. Condensados. Un
relato de Carver no tiene altibajos. Ningún relato, de hecho,
debería tenerlos. Escribí "Ruido"
queriendo ser Carver. Ah, sí, lo leí. No lo entendí. Ya. ¿Te suena
de algo lo de que el bosque no deja ver los árboles?
El director Robert Altman dirigió en 1993 el filme Vidas cruzadas,
basado en una selección de relatos de Carver. Muy recomendable
también.
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