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Texto:
Ángel Muñoz
El futuro de
la poesía española se ha revelado como un auténtico puñetazo en el
estómago.
Un puñetazo
baldío si reflexionamos sobre el hecho de ser poeta, que no
escritor, en nuestro país. De la misma palabra, “poeta”, casi
estigmatizada, sinónimo de vago, bohemio, guarro, rojo... más en el
caso de un joven poeta, de un autor consagrado nadie va a declarar
abiertamente este tipo de pamplinas, aunque el gran público no sepa
quién es, y al que le suene vagamente se compre el último best
seller de Dan Brown. Ser poeta en España es morir, es un quejido en
la sombra, y pasar hambre.
Nuestro autor
es seguro, el mejor poeta joven de nuestro país, lleva años al
frente del colectivo C.A.I.N. y co-dirige la colección “los
catorceochomiles”. Aunque a mi en concreto lleva tiempo
deslumbrándome con poemarios como El Sueño del Monóxido ( DVD, 2006
), compagina su verdadero ser con las profesiones más variadas, hay
que comer.
La poesía es
tal vez el género literario más personal, más imprevisto, y en el
que el autor siente menos empatía por el lector, se vomita en cada
verso, lloras, ríes, es un desahogo en el que no se piensa en las
ventas, por eso no las tiene, y sin embargo, cuando el lector logra
esa empatía no buscada es el género más emocionante, es vida, y
dolor.
Coma ha
conseguido el premio de poesía Hiperión, la editorial dedicada a la
poesía, refugio necesario de tantos, y por ello cierto
reconocimiento público. En él, José Daniel reflexiona sobre la
violencia y el dolor, que nos rodea como “una nube tóxica”. La
violencia intrínseca del ser humano, la violencia de la guerra, la
crueldad gratuita, el dolor de una pérdida, de la soledad y el
desamparo. Su poesía es directa, desnuda, sin artificios,
desasosegante, sientes en tu propia carne el dolor de un niño en
medio de la guerra de Irak, o la soledad en la aséptica y fría
atmósfera del hospital mientras la vida se te va gota a gota
carcomida por la enfermedad. Un poemario deslumbrante, casi cegador.
El propio
autor cita en el libro al boxeador Floyd Patterson: “contaban las
veces que besé la lona, cuenten también las que me levanté.” Una
gran frase aplicable a la poesía. Esperemos que José Daniel se
levante tantas veces que no pueda caerse más.
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