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Texto:
Marcos
Ripalda
Todo lo que leo
reseñado de esta escritora norteamericana es fantástico. Leo:
“Perderse la literatura de Amy Hempel constituiría un delito
literario en toda regla”. Bueno, no seamos tremendistas ni nos
precipitemos. Perderse a Bellow, Chejov, Bolaño, Cortázar, Hemingway,
Borges, Ayala, Oe, Ford, Davies, entre otros, sí constituiría un
delito. Aunque no vamos a poner a la sombra a quienes no hayan leído
a Cervantes. Reconozco que Hempel “pretende” ahondar en las
profundidades del alma, pero el traje de buzo se le queda grande. De
hecho, a excepción de “La cosecha” y el magnífico “En el reino
animal”, que, paradójicamente, es uno de los mejores relatos que he
leído en mi vida (o que recuerde haber leído, que es lo mismo), la
mayoría me dejan indiferentes. O sea, que no terminan de arroparme y
no merecen el esfuerzo, aunque los acabo leyendo porque han sido
relatos laureados por los medios especializados. Hempel lleva la
tira de años en esto, pero en España le perdimos la pista a finales
de los ochenta. Claro que podía haber permanecido en el olvido y un
servidor no hubiese sufrido en absoluto. Aunque pensándolo bien,
sólo por los dos cuentos que he mencionado merecería la pena. A ver
quién es el listo que la clava dos veces. Cierto es que hay quién la
clava muchas veces (léase la caprichosa enumeración de un poco más
arriba), pero son los menos.
El caso es que he
vuelto atrás varias veces para releer algún cuento. Porque ante la
avalancha de buenas críticas, temía estar perdiéndome algo.
Resultado: no le encuentro el punto. Leo algunas frases mordaces,
perversas, sublimes, crudas. Lo adelanta Rick Moody en la
introducción de estos Cuentos Completos: “lo primordial son las
frases”. Esto, claro, lo leo al acabar el libro, no vaya a ser que
me revienten algún final, práctica habitual en prólogos,
introducciones, solapas y contraportadas de numerosas novelas y
obligada en los trailers de cine. Efectivamente, Hempel se esfuerza
por exprimir al máximo las historias, que suelen estar focalizadas
en un pequeño detalle. Pero la anécdota no hace la historia.
Sintetiza, sí, con frases que han calificado de “arrebatadoras”,
“sentencias indiscutibles”, pero, repito, un relato es lo que queda
fuera, el hueco que dejan las frases. Así que me apunto a esa idea
que leí en la red: editar un librito que reúna muchas de esas
frases, a modo de citas.
Hempel escarba en el complicado universo de las relaciones
familiares, incluyendo mascotas, y apenas se detiene en detalles
superfluos, lo que la honra, pero, a diferencia de, por ejemplo, la
desnudez de Carver, que supura contenido y, por tanto, hace pensar y
emociona, sus relatos no consiguen llegar al invernadero donde
florecer.
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