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CUENTOS COMPLETOS

Amy Hemple

Seix Barral, 2009

 

 

Texto: Marcos Ripalda

 

Todo lo que leo reseñado de esta escritora norteamericana es fantástico. Leo: “Perderse la literatura de Amy Hempel constituiría un delito literario en toda regla”. Bueno, no seamos tremendistas ni nos precipitemos. Perderse a Bellow, Chejov, Bolaño, Cortázar, Hemingway, Borges, Ayala, Oe, Ford, Davies, entre otros, sí constituiría un delito. Aunque no vamos a poner a la sombra a quienes no hayan leído a Cervantes. Reconozco que Hempel “pretende” ahondar en las profundidades del alma, pero el traje de buzo se le queda grande. De hecho, a excepción de “La cosecha” y el magnífico “En el reino animal”, que, paradójicamente, es uno de los mejores relatos que he leído en mi vida (o que recuerde haber leído, que es lo mismo), la mayoría me dejan indiferentes. O sea, que no terminan de arroparme y no merecen el esfuerzo, aunque los acabo leyendo porque han sido relatos laureados por los medios especializados. Hempel lleva la tira de años en esto, pero en España le perdimos la pista a finales de los ochenta. Claro que podía haber permanecido en el olvido y un servidor no hubiese sufrido en absoluto. Aunque pensándolo bien, sólo por los dos cuentos que he mencionado merecería la pena. A ver quién es el listo que la clava dos veces. Cierto es que hay quién la clava muchas veces (léase la caprichosa enumeración de un poco más arriba), pero son los menos.

 

El caso es que he vuelto atrás varias veces para releer algún cuento. Porque ante la avalancha de buenas críticas, temía estar perdiéndome algo. Resultado: no le encuentro el punto. Leo algunas frases mordaces, perversas, sublimes, crudas.  Lo adelanta Rick Moody en la introducción de estos Cuentos Completos: “lo primordial son las frases”. Esto, claro, lo leo al acabar el libro, no vaya a ser que me revienten algún final, práctica habitual en prólogos, introducciones, solapas y contraportadas de numerosas novelas y obligada en los trailers de cine. Efectivamente, Hempel se esfuerza por exprimir al máximo las historias, que suelen estar focalizadas en un pequeño detalle. Pero la anécdota no hace la historia. Sintetiza, sí, con frases que han calificado de “arrebatadoras”, “sentencias indiscutibles”, pero, repito, un relato es lo que queda fuera, el hueco que dejan las frases. Así que me apunto a esa idea que leí en la red: editar un librito que reúna muchas de esas frases, a modo de citas.

 

Hempel escarba en el complicado universo de las relaciones familiares, incluyendo mascotas, y apenas se detiene en detalles superfluos, lo que la honra, pero, a diferencia de, por ejemplo, la desnudez de Carver, que supura contenido y, por tanto, hace pensar y emociona, sus relatos no consiguen llegar al invernadero donde florecer.

 

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