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Texto:
Marcos
Ripalda
Diccionario del diablo. Diccionario de la mala uva. Escrito por un
diablillo. Que ofrezca una visión pesimista-realista del mundo se
agradece ante tanto optimista empedernido de pacotilla, que son los
peores pues esconden a un fanático. Que estamos condenados es el
menor de nuestros problemas. Seguimos a flote. Ni las guerras, ni
las enfermedades han podido barrernos de la faz de la Tierra. Claro
que todo llega. Lo mismo hasta usted o yo lo llegamos a ver. Podría
titularse también “diccionario apocalíptico”, pero instalado en una
época no tan remota, a finales del siglo XIX, cuando no había ni
transistores ni luchas de formatos que se deciden en la fase de
producción. Sólo certezas que fueron sospechas.
Bierce es, ante todo, un escritor de sentencias. Con educación,
insulta de forma privilegiada. Maestro del ingenio. Un Gómez de la
Serna norteamericano. Provoca una mueca de sonrisa, no la carcajada
del necio o el feliz impertinente. Golpea con tino, no a diestro y
siniestro. Enemigos debió tener muchos. Todos los posibles. Que
siempre son más. Una verdad como una pirámide. El joven Bierce
trabajó como cartógrafo en la guerra. Y tiene todos mis respetos un
tipo que se adelanta para inspeccionar el terreno. El escritor
intrépido, una especie en extinción ahora que abundan condenas a
muerte por unas caricaturas.
Instrucciones: elegir una página al azar y leer. Efectos
secundarios: que se nos dibujen los cuernos de la hipocresía. Muy
recomendable.
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