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Texto:
Ángel Muñoz
La primera palabra que me vino a la mente al ojear
Eclipse en Malasaña, incluso antes de comenzar a leerlo y adentrarme
en su particular universo, fue "precioso"; y esto dice todo de esta
pequeña joya, ya que se supone que el objetivo primordial del arte,
por encima de cualquier otra cosa, es conmover, estremecer, y
perseguir un objetivo estético, Jack Mircala lo ha conseguido nada
más levantar el telón de esta pequeña, castiza y surrealista
zarzuela negra.
Eclipse en Malasaña es un relato circular, un desfile
de personajes oníricos danzando por el escenario del barrio de
Maravillas del siglo XIX, tan importante como un personaje más; un
carrusel mágico protagonizado por Siniestro y Eclipse y sus amores
locos y románticos. Siniestro arrastra su melancolía y apatía por
las calles de Malasaña encontrando notas malvas escritas por Poe,
homenajeado por Mircala y personaje destacado de esta zarzuela.
Estas notas y estos poemas son el hilo conductor del circulo en el
que Siniestro encuentra a la chica de terciopelo negro y bailan en
treinta y nueve escenas su amor hasta el desbordante y sorprendente
desenlace acompañados de personajes tan tiernos y entrañables como
la mecenas Doña Fernanda Valmadú protectora del inventor del
proyector kaurismográfico Aki Kurismaki, hijo del rey de Finlandia,
casada con el deforme Gorgonio y pretendida por el miserable
Bolardo. Mezquino, asesino de animales exóticos, malvado arrepentido
y arrojado a las manos de la alquimista Marieta Corín y sus máquinas
para convertirlo en buena persona. El comisario Moratalaz, la
Desgraciadita, Pola Neri y sus tres ojos, estrella del circo
Splendeur Grotesque ... Fritz Lang, Erik Satie, canciones de Depeche
Mode en discos de pizarra y el bueno de Edgardo Poez escribiendo sus
poemas en notas malva, todo cabe en este carrusel, en este guiñol
sorprendente.
Tan importante como el texto, escrito con un
maravilloso lenguaje madrileño castizo decimonónico, son las
ilustraciones, que de hecho, son lo que más llama la atención nada
más abrir el libro, las que me llevaron a pensar la palabra
precioso. Son una auténtica maravilla, recortables con claras
reminiscencias al universo de Tim Burton, paisajes madrileños
caleidoscópicos, buhardillas abigarradas, antiguos consultorios, la
Puerta del Sol, las tabernas de la calle del Pez y de la Plaza del
Dos de Mayo, detalles y detalles, arabescos naïf, una belleza nítida
y desconcertante.
Si a todo lo anterior añadimos una cuidadísima
encuadernación, tenemos entre las manos una auténtica obra de arte,
una joyita que tendría que estar en la estantería de todo aquel
lector con un mínimo de sensibilidad.
Maravilloso.
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