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EL ÁLGEGRA DE LA JUSTICIA INFINITA

Arundhati Roy

Anagrama, 2002

 

 

Texto: Ruth Bautista

 

El álgebra de la justicia infinita, que también se hubiera podido rebautizar como el álgebra de la libertad duradera, al igual que la operación militar, es un libro recopilación de artículos aparecidos en prensa de la escritora india Arundhati Roy, conocida por su única y premiada novela, El dios de las pequeñas cosas. Artículos escritos todos ellos desde ese magnífico punto de vista que da pertenecer a lo que ella misma llama Tercer Mundo. La mayoría de estos artículos se desarrollaron durante el año 2001, por lo que como no podía ser de otra manera el libro lo encabezan dos artículos dedicados a lo acontecido en aquel famoso septiembre y los meses siguientes. El primero de ellos, que da título al libro sorprende por la claridad y valentía con la que está escrito, en el mismo octubre de 2001, y en el que la escritora se pregunta sin ningún tipo de pudor ni falsa corrección política lo siguiente:

“¿Cuántos muertos iraquíes más hacen falta para que el mundo se convierta en un lugar mejor? ¿Cuántos afganos por cada estadounidense muerto? ¿Cuántos niños por cada adulto muerto? ¿Cuántos muyahidín por cada banquero de inversiones muerto?”

y unas páginas más allá en referencia al pueblo afgano:

“Observen la justicia infinita de este nuevo siglo: civiles que se mueren de hambre mientras esperan que los maten”.

 

El segundo artículo se titula “La guerra es paz”, en clara referencia a un libro tan clarividente como 1984, de George Orwell. La ironía se apodera también de Roy cuando recoge estas palabras:

“Cuando anunció los ataques aéreos (sobre Afganistán), el presidente George Bush afirmó: «Somos una nación pacífica». El embajador preferido de los Estados Unidos, Tony Blair, se hizo eco de sus palabras: «Somos un pueblo pacífico».

Ahora ya lo sabemos: los cerdos son caballos. Las chicas son chicos. La guerra es paz.”

 

He leído este libro mientras hacía un “descanso” del largo y cargante The Shock Doctrine, de Naomi Klein. Pasado el ecuador del libro llegué a un capítulo dedicado en exclusiva a Donald Rumsfeld y no pude seguir. Dando una vuelta por la biblioteca (ese templo sagrado de los paganos) me tropecé con este pequeño libreto de Roy y lo di por bueno para hacer una pausa de la Biblia de Klein. Craso error. Donde una, Klein, con su perfecto estilo periodístico, destripa con habilidad de cirujano la historia reciente, las tres últimas décadas de colonialismo económico salvaje, exponiendo con claridad y limpieza millones de hechos y datos, documentados hasta la extenuación, para que expliquen por si mismos esa realidad que en ningún sitio se enseña; la otra, Roy, escritora, no periodista, es incapaz de trazar dos párrafos seguidos sin resultar sangrante, asfixiante y emocionalmente destructiva. En menos de 200 páginas (ni una tercera parte del de Klein) este libro acaba extenuándote y llevándote de la mano a una angustia existencial con altas posibilidades de conducirte a un agujero negro.

 

Porque los dos primeros artículos, en toda su crudeza, no son comparables con lo que a continuación se describe. Roy se dedica a trazar una breve descripción sobre el estado, a primeros de este siglo, recordemos que es el XXI, de una nación tan extensa, rica y avasallada como la India. En concreto, su principal tema es la construcción de grandes presas, con fines hidroeléctricos, en grandes zonas del país. Estas presas, impuestas por las altas esferas macroeconómicas mundiales (leáse aquí Banco Mundial et al.), son el azote de millones de personas afectadas y desplazadas de sus tierras, en un país donde los pobres, las castas más bajas, no tienen nada, ni tan siquiera derechos. Aquí es donde el libro se vuelve más angustioso. Imposible despegarse de ese sentimiento contagioso que crea la escritora, imposible tomar distancia.

 

Pero como ella misma se plantea despechada cuando la tachan de “escritora comprometida”, una vez que se conocen los hechos solo hay dos salidas: actuar o mirar para otro lado. Y tanto una como otra implican una actitud política. Este libro duele, pero ¿qué vamos a hacer? ¿mirar para otro lado?

 

 

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