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Texto:
Ruth
Bautista
El álgebra de la
justicia infinita,
que también se hubiera podido rebautizar como el álgebra de la
libertad duradera, al igual que la operación militar, es un libro
recopilación de artículos aparecidos en prensa de la escritora india
Arundhati Roy, conocida por su única y premiada novela, El dios
de las pequeñas cosas. Artículos escritos todos ellos desde ese
magnífico punto de vista que da pertenecer a lo que ella misma llama
Tercer Mundo. La mayoría de estos artículos se desarrollaron durante
el año 2001, por lo que como no podía ser de otra manera el libro lo
encabezan dos artículos dedicados a lo acontecido en aquel famoso
septiembre y los meses siguientes. El primero de ellos, que da
título al libro sorprende por la claridad y valentía con la que está
escrito, en el mismo octubre de 2001, y en el que la escritora se
pregunta sin ningún tipo de pudor ni falsa corrección política lo
siguiente:
“¿Cuántos muertos
iraquíes más hacen falta para que el mundo se convierta en un lugar
mejor? ¿Cuántos afganos por cada estadounidense muerto? ¿Cuántos
niños por cada adulto muerto? ¿Cuántos muyahidín por cada banquero
de inversiones muerto?”
y unas páginas más allá en referencia al pueblo afgano:
“Observen la
justicia infinita de este nuevo siglo: civiles que se mueren de
hambre mientras esperan que los maten”.
El segundo artículo se titula “La guerra es paz”, en clara
referencia a un libro tan clarividente como 1984, de George
Orwell. La ironía se apodera también de Roy cuando recoge estas
palabras:
“Cuando anunció
los ataques aéreos (sobre Afganistán), el presidente George Bush
afirmó: «Somos una nación pacífica». El embajador preferido de los
Estados Unidos, Tony Blair, se hizo eco de sus palabras: «Somos un
pueblo pacífico».
Ahora ya lo
sabemos: los cerdos son caballos. Las chicas son chicos. La guerra
es paz.”
He leído este libro mientras hacía un “descanso” del largo
y cargante The Shock Doctrine, de Naomi Klein. Pasado el
ecuador del libro llegué a un capítulo dedicado en exclusiva a
Donald Rumsfeld y no pude seguir. Dando una vuelta por la biblioteca
(ese templo sagrado de los paganos) me tropecé con este pequeño
libreto de Roy y lo di por bueno para hacer una pausa de la Biblia
de Klein. Craso error. Donde una, Klein, con su perfecto estilo
periodístico, destripa con habilidad de cirujano la historia
reciente, las tres últimas décadas de colonialismo económico
salvaje, exponiendo con claridad y limpieza millones de hechos y
datos, documentados hasta la extenuación, para que expliquen por si
mismos esa realidad que en ningún sitio se enseña; la otra, Roy,
escritora, no periodista, es incapaz de trazar dos párrafos seguidos
sin resultar sangrante, asfixiante y emocionalmente destructiva. En
menos de 200 páginas (ni una tercera parte del de Klein) este libro
acaba extenuándote y llevándote de la mano a una angustia
existencial con altas posibilidades de conducirte a un agujero
negro.
Porque los dos primeros artículos, en toda su crudeza, no
son comparables con lo que a continuación se describe. Roy se dedica
a trazar una breve descripción sobre el estado, a primeros de este
siglo, recordemos que es el XXI, de una nación tan extensa, rica y
avasallada como la India. En concreto, su principal tema es la
construcción de grandes presas, con fines hidroeléctricos, en
grandes zonas del país. Estas presas, impuestas por las altas
esferas macroeconómicas mundiales (leáse aquí Banco Mundial et al.),
son el azote de millones de personas afectadas y desplazadas de sus
tierras, en un país donde los pobres, las castas más bajas, no
tienen nada, ni tan siquiera derechos. Aquí es donde el libro se
vuelve más angustioso. Imposible despegarse de ese sentimiento
contagioso que crea la escritora, imposible tomar distancia.
Pero como ella misma se plantea despechada cuando la tachan
de “escritora comprometida”, una vez que se conocen los hechos solo
hay dos salidas: actuar o mirar para otro lado. Y tanto una como
otra implican una actitud política. Este libro duele, pero ¿qué
vamos a hacer? ¿mirar para otro lado?
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