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Texto:
Mª Luisa Ripalda
Un cínico y clarividente corresponsal de guerra británico,
un americano recién llegado,
ingenuo e idealista, y una bella y
joven vietnamita, se encuentran y relacionan en el caótico Saigón de
los años cincuenta: la intriga está servida. La guerra de Indochina
es el intrincado y confuso escenario en el que el escritor Graham
Greene -periodista, espía y aventurero- despliega estos tres
personajes, de culturas y concepciones del mundo muy distintas, para
conformar una novela profética; no sólo por intuir la guerra del
Vietnam, que estalló posteriormente
a su escritura y su resultado, sino
por su significado intemporal, aplicable a situaciones que se
repiten en conflictos armados de la actualidad más inmediata. No
podemos olvidar que El Americano Tranquilo no ha gozado de un
respaldo unánime de la crítica, debido esencialmente a su acentuada
denuncia de la política exterior de los Estados Unidos.
Muy bien documentada, no en vano el propio escritor había
visitado Saigón en varias ocasiones durante el conflicto colonial,
la trama de esta novela la va desvelando al lector un narrador
omnisciente que, a su vez, interviene como protagonista en la
historia: el periodista Fowler. Greene despliega su técnica
narrativa, de corte cinematográfico, mediante un hábil manejo en
secuencias de los acontecimientos relatados, y con un dominio del
tempo, que sin respetar la cronología, nos atrapa desde el primer
momento. Aunque por el buen ensamblaje y ritmo de la acción
novelesca, a lo que se añade unos logrados diálogos, pueda, con
placer, leerse de corrido este libro, merece la pena demorarse en
algunos pasajes, como en los que describe el miedo en toda su
desnudez; o los sentimientos heridos más íntimos; o en los que
retrata, con afilado y certero verbo, el sinsentido de la muerte de
inocentes en la contienda. De cualquier manera que elijamos, siempre
podremos apreciar las cualidades literarias de la escritura de
Greene, en la que se unen el talento de un escritor clásico y el de
un reportero excepcional.
Nadie es inocente en esta novela. Greene desliza una
ambivalencia moral que no permite que lleguemos al final de la
novela y nos sintamos satisfechos. Dada la complejidad de sus
personajes, la lectura de su obra no suele inducir la misma
valoración en los receptores. Esta obra polisémica parece como si
nos obligara a sustituir certezas por interrogaciones, porque la
complacencia no es precisamente el resultado de su lectura. De este
modo, al no existir certezas éticas, puesto que razones oscuras
guían a los seres humanos más allá de la simple apariencia, los
personajes se confunden con el caos reinante del conflicto asiático
de fondo.
Escritor
profundamente pesimista y descreído de los grandes discursos
políticos y morales, Greene mediante su álter ego, Fowler, expresa
su convicción de que una política intervencionista, aun en nombre de
grandes valores democráticos, es corrupta y está condenada al
fracaso, dondequiera que se lleve a cabo. Esta certidumbre
desesperanzada choca de manera irremediable con la de Pyle, el
“americano tranquilo”. Este joven idealista e inocente, imbuido de
grandes ideas y convencimientos sobre cómo hacer el bien a la
humanidad, no es consciente del daño que causa cualquier tipo de
fundamentalismo, ni tampoco de lo que se parecen la ingenuidad y la
arrogancia. Además, existe un común objeto de deseo entre los dos
hombres, encarnado en Phuong. La traición está servida: ¿pero cuál
es la verdadera razón de esa traición?; ¿existió realmente una
traición?
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