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EL ARTE DE LA NOVELA

Milan Kundera

Tusquets editores

Año 1994

 

Texto: Marcos Ripalda

 

A Kundera, escritor, como otros muchos, dotado de la capacidad de colocar la palabra justa en el contexto exacto, lo abstracto no le asusta. Y si en sus novelas, auténticas composiciones musicales dotadas de un ritmo característico, el autor extraía de lo cotidiano un reflejo de la historia, en sus ensayos, que nada tienen de sesudos, y sí mucho de sentido común, extrapola su experiencia como lector y escritor practicante, para acercarnos a sus autores preferidos y, de paso, elaborar una breve historia de la literatura europea del último siglo. No se trata, afortunadamente, de una simple acumulación de autores significativos que han dejado su impronta en el devenir del universo literario, sino de la síntesis del recorrido vital de su autor a la hora de enfrentarse a la creación. Lo precedente le sirve a Kundera para ahondar en su particular microcosmos temático, para reclamar su propio espacio literario, construido de palabras-clave, como él las denomina, y de las que nos ofrece sesenta y siete en la sexta parte del libro.

 

El arte de la novela no es un reclamo para alumnos de talleres literarios ni un curso concentrado sobre literatura europea. Kundera se limita, y no es poco, a hablar de los otros que lo habitan, de sus lecturas predilectas, para profundizar en sí mismo. El autor escribe con asombrosa claridad y concisión de la importancia atribuible a sus referentes literarios: Cervantes, Broch, Gombrowicz, Diderot, Flaubert, Sterne, Musil, Joyce y, sobre todo, Kafka, entre otros. La importancia de estos autores, obviamente, es indiscutible, y no sólo por obvia.

 

Queden claras tres ideas respecto al futuro de la novela y sus posibilidades de trascendencia:

 

1.- La novela debe despojarse de todo accesorio que la excluya de la posibilidad de «abarcar la complejidad de la existencia en el mundo moderno sin perder la claridad arquitectónica».

 

2.- El contrapunto novelesco debe ser capaz de «soldar en una única música la filosofía, la narración y el ensueño». De hecho, «existe una diferencia fundamental entre la manera de pensar de un filósofo y la de un novelista. Se habla con frecuencia de la filosofía de Chejov, de Kafka, de Musil, etc. Pero ¡trate de extraer una filosofía coherente de sus escritos! Incluso cuando expresan sus ideas directamente, en sus cuadernos íntimos, éstas son más ejercicios de reflexión, juego de paradojas, improvisaciones que afirmación de un pensamiento».

 

3.- Debe existir un arte del ensayo específicamente novelesco, esto es, que «no pretenda aportar un mensaje apodíctico, sino que siga siendo hipotético, lúdico o irónico». La novela se adentra en el terreno del juego, de las hipótesis, de la interrogación y de la ironía que, privando al hombre de certezas, le revela el mundo como ambigüedad. Y para que no quede ninguna duda, una reflexión sobre la ironía, tan presente en las obras de este autor: «La ironía irrita. No porque se burle o ataque, sino porque nos priva de certezas revelando el mundo como ambigüedad».

 

Muy recomendable el discurso de agradecimiento de Kundera por el Premio Jerusalén recibido en 1985 y que cierra este volumen.

 

 

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