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Texto:
Ángel Muñoz
Uno de los mayores méritos de los nuevos y pequeños editores es,
además del cuidado en la edición, en la calidad y diseño, la
oportunidad que nos brinda a los lectores de descubrir no solamente
nuevos valores, sino el acercamiento a autores clásicos desconocidos
para la mayoría. Un buen editor tiene la capacidad de descubrir para
su editorial un filón monetario como Dan Brown; un buen editor, que
además ama su trabajo, es capaz de descubrir auténticas joyas
olvidadas, obras maestras que no dejan indiferente a nadie que las
lea. Su labor es impagable, es amor al libro y a la literatura, algo
que va mucho más allá del dinero, algo que es alimento del alma.
Si
hace poco desde estas mismas páginas hablábamos de cómo Errata
Naturae nos mostraba la obra
de Luciano de Samósata, esta vez es Impedimenta quien nos trae la
obra de Savinkov, personaje completamente inclasificable y peculiar
de primeros del S.XX, y que literariamente, nos acerca al mejor
Dostoievski.
De
Savinkov dijo el propio Lenin: “es un burgués con una bomba en el
bolsillo”. Hijo de una familia culta y poderosa de Odessa, pronto
simpatizó con las ideas revolucionarias y socialistas convirtiéndose
en terrorista dentro del Partido Socialista Revolucionario. Fue el
autor de los atentados que costaron la vida al ministro del interior
del Zar y al Gobernador General de Moscú. Pronto su fama recorrió
toda Rusia, pero fue capturado y condenado a muerte, logrando
escapar y llegar a Francia, donde se codea con toda la bohemia de
Montparnasse, Picasso se refiere a él como “nuestro amigo el
asesino”. Culto, mujeriego y nihilista, dandi y bohemio, al estallar
la Primera Guerra Mundial, su espíritu inquieto le llevó al frente
como periodista. Tras la Revolución Rusa, se incorporó como ministro
de la gobernación al primer gabinete bolchevique, pero desengañado
con la deriva revolucionaria, se entregó a actividades
contrarrevolucionarias, siendo condenado de nuevo a muerte, y
volviendo a escapar. De nuevo en Paris, fue engañado por el servicio
secreto ruso, haciéndole creer que un ejército contrarrevolucionario
ya formado estaba esperando su liderazgo, y una vez en Rusia, fue
encarcelado en la terrible penitenciaría de Lubianka, donde murió al
precipitarse de una ventana. Una vida de novela realmente.
El
Caballo Amarillo, es precisamente el diario novelado del líder de un
comando terrorista cuyo objetivo es la vida del Gobernador General
de Moscú. Es un relato autobiográfico en el que Savinkov, encarnado
en su trasunto, George O’Brien, nos relata los meses de preparación
y la convivencia de los cuatro miembros del comando. O’Brien es un
consumado nihilista, no cree en nada, ni siquiera en
la
Revolución, solo cree en el poder de matar. Consumido de celos por
el marido de su amada, que a su vez no termina de entregarse a
ninguno de los dos, arrastra su vacío vital y su desesperanza por un
deslumbrante fresco del Moscú prerrevolucionario, que como hemos
dicho, no tiene nada que envidiar al mejor Dostoievski.
El
resto del comando lo conforman Erna, la experta en explosivos,
completamente dependiente de George, sin ninguna autoestima,
depresiva y errática; el iluminado Vania, ferviente cristiano,
convencido de tener una misión divina a través de la muerte de todo
aquel que se oponga a la fuerza de
la Revolución;
Heinrich, locamente enamorado de Erna; y Fiodor, el disciplinado
admirador del líder. Todos ellos se mueven en un universo cerrado en
el que las pasiones de un signo y otro, giran en torno al distante
George O’Brien, sincero en su desapasionamiento, y férreo en su
propia voluntad ajena a la Revolución y a cualquier presión externa.
Una novela deslumbrante. El retrato de la sociedad rusa, el
detallado paisaje moscovita y las pasiones y circunstancias del
comando, sus acciones y fracasos, se quedan impresos en el lector a
cada página. Todo un descubrimiento, un clásico ruso de vida y obra
completamente apasionante. Imprescindible. Gracias de nuevo,
Impedimenta.
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