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Texto:
Tomás Sendarrubias
Durante los últimos años, pero especialmente a partir de la
aparición de El Código DaVinci, han surgido docenas de
novelas inspiradas en los entresijos del mundo eclesiástico.
Conspiraciones, asesinatos, espionaje, secretos históricos… todo se
ha entrelazado de mil y una maneras, con mayor o menor éxito para
inundar las librerías y bibliotecas de títulos que, en su mayor
parte, se han convertido en olvidables.
Por eso cuando me regalaron El Evangelio del Mal,
pensé directamente “otro”, pero por azar o por destino, acababa de
terminar un libro, y comencé a leer este, pensando que lo más
probable es que después de veinte o treinta páginas terminara
dejándolo. Son más de 550 páginas y lo terminé leyendo en unos
cuatro días. Patrick Graham, dentro de que se une al club de los
escritores “eclesiásticos”, consigue crear una trama original, con
un ritmo endiablado y un ambiente siniestro que en algunos momentos
produce verdaderos escalofríos.
En El Evangelio del Mal, Graham nos habla de la
historia del volumen que da título al libro, un libro maldito que
cuenta la verdad sobre la crucifixión de Cristo y que forma parte de
la más oscura conspiración imaginada para destruir la Iglesia (y
como he dicho antes, con la cantidad de libros surgidos al respecto,
que una de las conspiraciones destaque es mucho) desde el interior.
El libro comienza en un perdido convento de los Alpes Dolomitas,
donde las Recoletas que esconden el libro sufren el acoso del
villano de la novela, una criatura siniestra llamada Caleb (y que al
contrario de muchos malos de libro, da miedo de verdad), pero el
grueso de la trama transcurre en la actualidad, con un protagonismo
compartido entre la agente del FBI Marie Parks y el sacerdote
exorcista Alfonso Carzo. Entre ambos se reparten el ir descubriendo
y avanzando por la historia del Evangelio, a través de diferentes
escenarios, desde Maine a Manaus, pasando por Roma y los Alpes
Dolomitas, con giros argumentales vertiginosos y una progresión
geométrica en la tensión según avanza la trama.
Patrick Graham crea un ambiente sombrío, tenebroso y
siniestro, cuajado de sombras a cual más oscura, y nos lo muestra a
través de una narración que, como detalle original, recurre a
presente de indicativo como tiempo verbal, lo que acentúa aún más la
tensión de la narración y facilita la implicación del lector en la
historia, ya que los acontecimientos no han quedado atrás, sino que
están sucediendo en este momento. No puedo contar mucho más sin
arriesgarme a revelar algún detalle importante, de modo que, como
punto final, simplemente decir que si a alguno os apetece leer una
historia ágil y entretenida pero con un trasfondo oscuro, este puede
ser vuestro libro.
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