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Texto:
Bálder Montesinos
Habitual en
nuestras librerías hace tan sólo unas décadas, hoy día resulta casi
una hazaña encontrar una edición relativamente moderna de este
autor. No deja de ser una decisión miope de las editoriales puesto
que tan sólo sus títulos (El libro negro, El diablo, Juicio
Universal, Gog) podrían ser un gran reclamo para lectores
despistados de best-sellers ocultistas, a los que sería
difícil devolver el dinero una vez desprecintado el libro y
comprobado su fatal error.
¿La causa de
este ostracismo actual hacia Papini? Bueno; seguramente pocos como
él están tan en el ojo del huracán de la transmutación de lo que se
ha considerado “políticamente correcto” en este país. Su carta de
presentación, el titular sensacionalista más fácil, no puede
resultar más chocante: adulador interesado de Mussolini, firmante de
las leyes antisemitas en la Italia fascista, misógino hasta el
tuétano, iconoclasta pro-católico... Pero, claro, esto es sólo la
media verdad –o sea, una gran mentira- porque podemos decir también
sin estar desvariando que la misma persona se mostró en distintos
momentos de su obra, y a veces dentro de un mismo libro (!)
anarquista furibundo, antinacionalista mordaz, romántico enamorado
del eterno femenino, o ateo radical. O podemos contar que en su
etapa de aparente cruzada pro-católica estuvo a punto de ser
excomulgado por el Papa, que condenó abiertamente su libro Il
diávolo.
Porque sucede
que la cabecita de este señor, definido por su admirador Borges como
“el auténtico Proteo del siglo XX”, puede pasar en el lapso de
apenas 20 hojas de ser indiferente pragmático a idealista utópico,
de frío racionalista a poeta expresionista, de didáctico y ameno
divulgador científico a negador de la ciencia, de moralista puritano
a prosélito del satanismo más bestial. Para Papini, el pensamiento
no es un medio, sino un fin; absoluto y teleológico, que se
justifica a sí mismo como insoslayable placer que no puede estar
sujeto a ataduras como el pasado o lo ya afirmado. Puede resultar
por tanto, decepcionante para los que buscan un pensador congruente
a quien seguir, pero apasionante para los que buscan un polemista
provocador y valiente, un auténtico aventurero irresponsable del
pensamiento, que no se detiene ante nada. Y por supuesto,
infinitamente más lúdico y entretenido que leer a un filósofo
coherente y por ende, seguidor de Perogrullo.
El libro negro
es la continuación de su obra más conocida y celebrada: Gog,
pero escrita veinte años después, en los años 50 del pasado siglo.
Cuando el escritor se hallaba marginado y vilipendiado en una Italia
donde se abominaba de la herencia fascista donde él mismo se había
encasillado sin convicción para saciar sus mezquinas ambiciones
docentes. La diferencia con la primera parte es, sin embargo,
mínima. En estilo y contenido. Si acaso se detecta, acaso por la
edad, una menor dosis de “mala leche” y algo más parecido al
conformismo o a la serenidad (que tampoco).
Mr. Gog es un
millonario estadounidense, alter ego de Papini, que combinando una
insaciable ansia de conocimientos con el mayor hastío vital,
invierte toda su fortuna en conocer gente y experiencias que le
permitan encontrar algún significado a la vida. En el camino va
topando con todo tipo de pensadores o vividores estrafalarios que le
intentan vender ideas disparatadas o geniales a precio de oro. O se
entrevista directamente con los personajes más interesantes de su
época, gente como Dalí, Hitler, Picasso, Huxley... Entrevistas,
claro está, ficticias, pero que alumbrarán a todos aquellos que
quieran escribir una biografía original y genial de los personajes
más que si ellos mismos hubieran entrevistado de puño y letra a
tales ilustres.
A toro pasado
de 50 años resulta entretenido constatar cuántas de sus profecías
descabelladas sobre el futuro se han cumplido sorprendentemente,
como la sangrienta Revolución Cultural china, o el funcionamiento
mecánico de la industria editorial del siglo XXI... Y en cuantas
otras ha marrado (Triunfo del comunismo en Europa Occidental…) Puedo
afirmar que la proporción es favorable a los aciertos y esto tiene
mérito en alguien que no presume de pitoniso sino más bien de
desconocer y no comprender a los seres humanos.
Cuesta
imaginar una obra más idónea para ser utilizada como libro lectivo
en las clases de iniciación a la filosofía o de comentarios de texto
del bachillerato. Tampoco recuerdo otra creación que pueda competir
con El libro negro como inmenso catálogo de ideas fácilmente
plagiables o desarrollables por escritores en plena crisis del
“papel en blanco”. Cada irregular capítulo, de apenas dos o tres
hojas es, desgranando las sugerentes descripciones y las poderosas
visiones delirantes de un gran narrador, un desafío para la mente y
un reto para aquellos que creen descansar sus actos sobre valores
sólidos e inatacables. Algo inquietante que nos invita a recordar,
como Aute, que “el pensamiento no puede tomar asiento”, que es estar
“siempre de paso”.
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