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Texto: Alberto
Sánchez Guerrero
No se me ocurre
mejor comienzo para esta reseña que diciendo que es uno de los
mejores libros que me he leído en los últimos años. Y dicho esto,
pasemos a hablar del tema que tengo entre manos.
Firmin
es un libro humano, una comedia y a la vez un drama, un relato que
en apenas doscientas páginas, nos lleva por una gran dosis de
existencia por todas partes. El comienzo es digno de cualquier
clásico, y el sobrellevar de las páginas es de una dulzura
inigualable.
El escritor, Sam
Savage, es un gran desconocido, pero ha sabido plasmar en sus
páginas unas grandes dosis de cariño. Es imposible no sentir cierto
afecto por esta rata de biblioteca, y es que en algunos momentos te
sientes identificado con ella. El transcurrir de los días de Firmin
es un goteo constante del día a día que venimos viviendo, en su
caso, una rata incomprendida, marginada, y abandonada a la merced de
los libros que le rodean. La imaginación de Firmin es de una
frescura incombustible, donde nos presenta el pasar de sus días en
un antiguo barrio de Boston, donde vive como rata, y el transcurso
de sus vidas en la mente de un genio, incomprendido, inteligente, y
con fuertes dosis de ilusión.
Este relato
desborda imágenes de una gran urbe en los años sesenta, pero
también, la pequeña y apacible existencia de los personajes que
habitan tras las puertas de las casas que forman un vecindario como
otro cualquiera. Es un relato sobre la humanidad de las personas,
con grandes dosis de ironía, pero con mucha belleza en cada palabra
escrita. Dejarse llevar por los caminos de esta rata, me ha sido de
gran acompañamiento en mis viajes en tren hasta el trabajo. Un libro
que todo amante de la literatura debería ojear, y por qué no,
disfrutar si le fuera posible. No digo que a todo el mundo le guste,
pero lo que es a mí, el que suscribe, me ha encantado.
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