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Texto:
Juan Carlos
Spinola
En sus orígenes, la serie La Fundación fueron unos
relatos cortos que Isaac Asimov publicó en revistas de tipo pulp
(denominación popular estadounidense que se daba a cierto tipo de
revistas populares especializadas en el relato y la historieta).
Cuando los editores le empezaron a hacer un poquito de caso,
publicaron la trilogía (Fundación, Fundación e Imperio
y Segunda Fundación) y dado el enorme éxito de la misma,
vieron el filón y completaron la serie, de la misma extraña manera
que hemos visto recientemente con Star Wars: primero,
completando la saga por el final, con dos novelas más (Los
límites de la Fundación y Fundación y Tierra), para
terminar completándola por el principio con otras dos (Preludio a
la Fundación y Hacia la Fundación), por lo que mi consejo
es dejarse de pijadas y leerla siguiendo un orden lógico:
Preludio a la Fundación, Hacia la Fundación, Fundación,
Fundación e Imperio, Segunda Fundación, Los límites
de la Fundación y, por último, Fundación y Tierra.
También resulta interesante leerlos en el orden en que se
escribieron, pero, teniendo en cuenta que ya están todos editados,
personalmente lo considero una “frikada”. Y esto tiene su sentido,
ya que el estilo narrativo es diferente: se nota tanto el paso del
tiempo como la evolución en el lenguaje utilizado, así como el hecho
de que la primera trilogía no es mas (ni menos) que la
encuadernación de unos relatos cortos escritos para un público muy
amplio; los dos libros del final están escritos con mas delicadeza,
supongo que con la seguridad y la libertad que tiene un artista para
poderse expresar sin limitaciones, y en los dos primeros se nota que
estaban “metiendo prisa” al genio para que escribiera cualquier
cosa, que como completa y finaliza la saga, se vendería como churros
y como ya le quedaba poquito (murió en el 92 y Hacia la Fundación
se editó en el 93)...
Nunca entenderé por qué esta obra, con tal magnitud social
en su contenido, se trata como ciencia-ficción. Hay quien opina que
se trata de la descripción de la decadencia del Imperio Romano, pero
personalmente creo que estamos mucho más cerca de la descripción de
la decadencia del sistema capitalista que de otra cosa. Es un
intento desgarrado por llamar la atención sobre las distintas
culturas existentes en
la Tierra, las
que quieren predominar, las que quieren que las dejen en paz, las
que se mantienen al margen, las milenarias, las recientes, las
imperialistas, las basadas en el poder de la Naturaleza, las
dependientes, las que disfrutan a tope, las que viven para ser
esclavos del sistema, por demostrar cómo todos se creen en posesión
de la verdad absoluta, cuando realmente el que está por encima de
todo eso es aquel que no se siente así, por explicar que el planeta
entero es un Ser vivo donde el papel de los humanos es el de un
virus... pero, si en vez de naves espaciales y viajes a través del
hiper-espacio, nos hubieran presentado esta obra como un viaje en
helicóptero narrado por Labordeta, lo habrían leído cuatro gatos.
Ahora que tan de moda están los libros llamados de
“crecimiento interior”, creo que hay clásicos como éste que son los
precursores reales de ese tipo de corriente, con el añadido de que
nos acerca al mundo científico, tangible, real, empírico, y nos lo
presenta a modo de novela, atrapando la curiosidad del lector.
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