| |
Texto:
Marcos
Ripalda
Baby,
el secreto de una leyenda perdida (1985), telefilme con bebe
dinosaurio, en el que participó la replicante Sean Young, y esta
novelita son mis recuerdos literarios más antiguos. Puntos de
inflexión en mi vida, para que me entiendan los cinéfilos,
guionistas y personas de bien. La película supuso el primer plagio;
Héroes, en cambio, una primera búsqueda de una forma personal
de narrar, el tono que hace la existencia de seres imaginarios “literaturizable”.
David Bowie, unas cervezas compradas en la gasolinera (cuando las
gasolineras vendían alcohol para aumentar la mortalidad) y una
habitación donde atrincherarse. Leí la novela entonces varias veces.
Nada obsesivo, por cierto. Porque me identificaba con la forma de
imitar y descubrir el mundo, pero no con esa imagen de la portada
donde el autor posa con chupa y pelos largos. Jesucristo
contemporáneo, las mismas hostias. Y luego estaba Springsteen,
Johnny 99, que me apasiona ahora, a los treinta y pocos.
Héroes me parece algo dúctil, maleable aún hoy. No es ninguna
maravilla como novela, tal vez ni sea una novela estrictamente
hablando, más bien recortes, impresiones, un hilo conductor
soterrado, pero contiene frases lapidarias que valen su peso en oro,
valga el tópico. Escribir sobre cualquier tema sin profundizar en
nada; dejar que nos ahoguemos en nuestras propias dudas. Antes de
Crimen y castigo, de Cervantes o Carver fue Loriga. Descubrí a
través de sus párrafos que yo también tenía algo que contar. Y por
primera vez sabía cómo hacerlo. Por culpa de una oreja. Y aquí me
tienen.
|