| |
Texto:
Marcos
Ripalda
Aunque los relatos que conforman La cuestión de Bruno
son independientes unos de otros, el lector advertirá ciertas
constantes en los temas que se desarrollan, a saber: el sentimiento
de desarraigo provocado por el exilio, la muerte (o la constatación
de que uno puede morir y hacerlo, además, para siempre), la
desesperanza, los recuerdos de infancia, la soledad y la guerra. Los
límites entre los cuentos quedan, por tanto, difuminados. De la
primera a la última página, el lector se enfrenta a una novela “en
escalas”.
El relato que abre esta recopilación, “Islas”, está dividido en
fragmentos numerados (las islas como metáfora de episodios
significativos) que
revelan momentos
cruciales de la infancia del escritor. El relato narra un viaje que
hizo de niño a la isla de Mljet, donde su tío Julius le contaba
historias (ni mucho menos cuentos para niños) cuyo recuerdo aún
perdura en él. No puede empezar mejor. Es un texto que no otorga
concesiones al horror: la mirada adulta de lo que el niño vio y que,
probablemente, no comprendió del todo, se detiene en los detalles
sin juzgarlos, pero toda la crudeza de las palabras, los hechos que
conforman, están presentes. Son los instantes que logra salvar del
olvido los que construyen una vida; le obsesiona, además, la
historia de su país (Bosnia) y los orígenes de sus antepasados. Y
encontramos en el relato “Charlas
agradables” un claro ejemplo de ello. Los Hemon (la
familia del escritor o, al menos, retazos representativos de la
misma) deciden convidar a sus parientes lejanos, los Hemun, a una
fiesta de música, comida, bebida y baile. Los Hemon
confraternizarán, en muchos casos, con auténticos desconocidos, sin
perder de vista las tradiciones de sus ancestros o lo que ha
perdurado de ellas en un país extranjero. A este respecto, conviene
destacar que el autor se mudó a los Estados Unidos a principios de
los noventa, mientras en su país los francotiradores y las bombas
hacían su agosto (el sitio de Sarajevo les sonará). “Blind
Jozef Pronek & Dead Souls”, el relato, aunque por su
extensión podría considerarse una novela corta, que cierra el libro,
se centra en el choque cultural que supone para todo emigrante la
llegada a su país de “adopción”. Y también acostumbrarse al olor de
la nueva tierra, que en el texto que nos ocupa es Chicago. La joya
de la corona, sin embargo, para quien esto firma, es “Vida
y andanzas de Alphonse Kauders”, relato estructurado en
párrafos más breves (a veces, citas, frases lapidarias, un
pensamiento), donde, a partir de las peripecias de un inconfundible
y odioso personaje,
Alphonse
Kauders (déspota, pirómano y amante de la pornografía),
desfilan algunos de los protagonistas más destacados de las dos
guerras mundiales: Eva Braun, Tito, Stalin, Sorge (espía al que se
le dedica el laberíntico y bipolar relato “La
red de espionaje de Sorge”) y, por supuesto, Hitler,
entre otros.
|