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Texto:
Ángel Muñoz
A
los pocos que no conozcan a Juanjo Millás, o a los que conociéndolo
tal vez de sus tertulias radiofónicas o como personaje público no lo
hayan leído, les recomiendo encarecidamente que se den una vuelta
por su última de El País, o por los comentarios de las fotos del
Semanal como primer paso para disfrutar en pequeñas píldoras de una
de las plumas más afiladas, certeras, irónicas, lúcidas,
irreverentes, mordaces y divertidas del suelo patrio.
El
volumen que nos ocupa se lee en un momento, y proporciona sonrisas y
minutos de felicidad con cada uno de los 75 cuentos cortos de poco
más de una o dos páginas que lo conforman. Se divide en tres partes
correspondientes a las edades del protagonista, de su niñez,
juventud y madurez. Recrean un universo surrealista, extraño y
onírico, una niñez desbordada de fantasías (¿o tal vez no tanto?)
imposibles y absurdas, y una madurez neurótica y maniática, sembrada
de ansiolíticos para combatir el pánico de una realidad
claustrofóbica y angustiosa alumbrada con fogonazos inquietantes y
kafkianos; un Woody Allen cercano, de andar por casa, con destellos
absolutamente marcianos.
Maniquíes que sudan de verdad en un escaparate despertando las
incipientes fantasías sexuales de dos púberes. Mujeres enormes con
hombres chiquititos guardados en cajas de cerillas; miembros
amputados que siguen abrazando; fósforos “mágicos” que al encenderse
iluminan otro espacio físico distinto al que se encuentra el
protagonista; transformaciones en familiares odiados; el mundo
literalmente al revés; seres líquidos, objetos de humo, presencia de
familiares finados… situaciones delirantes rebosantes de lucidez,
surrealismo mordaz.
Una joya más de un auténtico maestro, prolífico y auténtico como
pocos. Impagable y absolutamente recomendable… inolvidable.
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