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MADRE NOCHE

Kurt Vonnegut

Plaza & Janés, 1994

 

Texto: Marcos Ripalda

 

A la espera de que mi librero actual encuentre material de este señor, cosa que preveo difícil cuando lo que mayoritariamente se vende/compra es aquello que, con forma de libro y apilado en grandes montones visibles a la entrada de El Corte Inglés, lleve aparejado la imagen de cochinito satisfecho, en cuatricromía y montada en cartón pluma, del autoexiliado internacional de apellido Zafón (y no me mueve la envidia ni el resentimiento, sólo un parecido razonable), que muerde la mano que le da de comer cada vez que abre la boca, o la nueva novela premiada, cómo no, de la tediosa Almudena Grandes o, por qué no, de cualquier autoplagio de ilustres y enchufados que narran en cientos de páginas y en detrimento del exiguo número de árboles por habitante, historias rocambolescas de vacunas peligrosas, ritos en desuso, magos adolescentes o sectas milenarias, me encomiendo a la tarea de iluminarles con una velita sin estampita el camino hacia esta irónica, ácida y divertida novela, que no desfallece, que tiene una resolución a la altura de su desarrollo, que se disfruta desde la primera página, que es una delicia, en fin, muy recomendable.

 

Madre noche. El título es una llamada, una invocación a esa oscuridad que sume en determinados períodos de la Historia del Hombre al planeta Tierra y los que vengan por colonizar. Y también: la noche como una madre a la que volver. Un lugar donde estuvimos seguros, imposible eterno retorno. Porque el mundo no es un lugar seguro y por la noche, además de que todos los gatos son pardos, los crímenes cometidos serán borrados, olvidados, falseados. Lo que no se ve no sucede. Y entonces creemos. Nos encomendamos a ti, Señor. O al oficial Howard Campbell, que radiaba incendiarias proclamas en favor del fascismo y en contra de la participación de los americanos en la guerra amparándose en el organizado, pulcro e intachable departamento de propaganda Nazi en la época del III Reich. Que nadie se engañe: esto es ficción.

 

Y el futuro, por supuesto, no pinta mejor. Nadie está a salvo. Si no, que se lo digan a quienes tiran piedras a los carros blindados. Sólo les hace falta organización. Un tipo listo. Un líder. Día a día cerca del pueblo. Pero sin el pueblo. Las circunstancias hacen al hombre. Una verdad inapelable. Ojo: en la monstruosidad hay, necesariamente, camaradería. El ser humano tiende a la compañía y le gusta comulgar, o mejor, que comulguen con sus ideas y su forma de entender, ver, planificar el mundo y la vida de los demás. Porque no hay nada más arriesgado que intentar tomar las riendas de nuestra propia vida, esto es, vivir nuestra vida y no la de los demás. Ay, qué buenos dictadores seríamos todos. Quién no ha dicho: "Pues yo, mejor, haría esto o aquello". O: “Quita, quita que me pongo yo” (pero cuando lluevan hostias, hago ¡chas! y no aparezco a tu lado). Cierto: toda barbarie puede ser justificada. Quien expolió, violó, quemó, asesinó, despedazó y cultivó rencores, esquinazos y malentendidos corre el riesgo de que otros quieran (por venganza, porque sí, por qué no, el miedo al otro, niño malo) hacerle cosas similares o casi siempre peores. Quien sea puro, casto; quien pueda presumir de un expediente inmaculado; quien presuma de tenerla más larga, figuradamente o no, que tire el primer pedrusco, salivazo o injuria.

 

La narrativa de Vonnegut no admite dobleces, es cristalina. Y este párrafo es revelador: “Si hubiese nacido en Alemania, supongo que habría sido nazi, habría liquidado a judíos y gitanos y polacos, habría dejado botas sobresaliendo de montículos de nieve y me habría reconfortado con mis propias entrañas, secretamente virtuosas. Así suele suceder”. Es honesto porque dice lo que otros sólo piensan. No todos podemos ser héroes, salvadores de la patria, defensores de las virtudes y valores morales. No todos somos Schindler, y menos Spielberg.

 

El ser humano es mezquino, cobarde, ridículo. Todo eso, y mucho más. Puede albergar buenas intenciones también. En cualquier caso, es una raza que se extinguirá como lo hicieron los dinosaurios o los marcianos que nos habitaron hace trillones de años. Y los hijos de los hijos de los millones de generaciones que nos seguirán perpetuando, lo verán. Aunque si se aprieta un poco aquí y otro poco allá, no llegamos al telediario de la sobremesa. Así que no sean idiotas. Hagan algo. Empiecen por su círculo de amigos. Una cadena de favores. Como en la película. Ya no más ojo por ojo, sino favor por favor. O porque sí, que a veces cuesta lo mismo. O sí que cuesta, pero no te quejas.

 

Lo dice el actor Alan Alda, creo, en una película de Woody Allen: comedia es igual a tragedia más tiempo. Reflexionen un momento. Tiempo. ¿No se ven las cosas de forma distinta, desde otra óptica, con el paso del tiempo? Dicen que el tiempo lo cura todo. Una generalización, claro, y, por tanto, siempre habrá excepciones, una por cada caso, pero es esencialmente así. Cuando te dejan y no quieres que te dejen, lloras, pataleas, lo pasas mal unos días, unos meses, incluso años, toda una vida, te obsesionas, empiezas a salir, asomas el hocico, el mundo es feo, sí, pero esa florecilla te alegra la mañana, te relajas, te metes en el gimnasio a dar bofetadas a un saco, le miras la tira del tanga que se adivina bajo las mallas ajustadas, te dices que no se está tan mal solo, ves la tele un rato y te convences de algo, te estás engañando, te da igual, respiras, piensas en el tanga. Pues lo mismo con todo.

 

Vonnegut se alistó como soldado raso en el ejército estadounidense durante la Segunda Guerra Mundial. Fue capturado por los alemanes y las paso moradas. Tuvo que trabajar para ganarse el sustento, cosa habitual en las civilizaciones desarrolladas, en un matadero situado a las afueras de la ciudad de Dresde. El 13 de febrero de 1945, Dresde fue bombardeada y 120.000 personas murieron carbonizadas. Vonnegut sobrevivió y escribió su novela más célebre, Matadero 5, a medio camino entre la tragedia y la comedia absurda. Falleció el 11 de abril de 2007 en la ciudad de Nueva York. Me enteré mientras recopilaba información para esta reseña. No se puede estar en todo.

 

 

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