| |
Texto:
Marcos
Ripalda
Que a este físico (de profesión y de carrera) con aspecto de
guarrete (por la fotografía del libro y por otras tantas que he
visto en las que siempre parece sorprendido en una pose-sorprendido,
no sé si me siguen), fan de Sr. Chinarro (ay), la revista Quimera
le haya puesto en el number one de 2006 por esta novela
parece exagerado, pero pudiera no serlo. Entretenida es un rato.
Está muy bien escrita. Se plantea como un juego. Lleva mapa
incluido. De fácil lectura. Bien (des)organizada y pensada (para tal
fin). Hay citas increíbles, desvaríos, mentiras que se toman como
certezas e incertidumbres matemáticas aplicadas a la existencia. Y
un desierto. Y zapatos. Muchos zapatos.
La resolución de tramas, subtramas y subsubtramas es accesoria o
importa menos que el propio viaje. Nocilla Dream inicia una
trilogía que tiene su continuación en Nocilla Experience y
verá su final con Nocilla Lab. Aplicando a la narrativa lo
que el propio autor ha bautizado como "pospoética", tras sus
incursiones en la poesía pospoética, que introduce las ciencias y
todo lo que sea susceptible de convertirse en “material narrativo”,
a saber: citas de revistas, diálogos de películas, fragmentos de e-mails,
folletos… en el ámbito literario. En los tiempos de Lost
viene que ni pintada esta novela. Historias que se abren, se
tuercen, se bifurcan, se retoman o se dejan aparcadas y/u olvidadas.
Nocilla: leche, cacao, avellanas y azúcar. Un cóctel delicioso y
nutritivo que madre untaba en el pan y a seguir despellejándose las
rodillas en el patio. Dream: sueño en el idioma inglés. Nocilla como
adjetivo. Sueños de Nocilla. Y es que el azúcar puede afectar tanto
por falta como por exceso. Y el caso es que con Nocilla o sin ella,
la vida avanza e Internet lo engulle todo y los discos duros se
convierten en contenedores de vida. Dividida en capítulos breves,
numerados, Nocilla Dream es un ejercicio de deconstrucción
que al amigo Balder Montesinos podría sorprender. Hay chicas
surferas, caminantes que emulan a Colón, micronaciones, parejas al
borde del siguiente abismo sentimental, inmigrantes ilegales, bolas
de periódico que también emulan (en la era del emule) las bolas de
rastrojos de los westerns, inventores, despistados y narcisos... El
caso es contar historias y generar "otra" aldea global sin aldea,
sólo una estructura caótica (dentro del caos también debe haber una
pauta organizadora) que vista desde el espacio, pongamos por caso la
Luna, parezca ordenada y desde cerca, basta llevarse una hoja caída
del manzano de Newton hasta la punta de la nariz, también. Está
claro que en la vida como en el cuento todo depende del punto de
vista y/o de la distancia a la que miramos y hurgamos.
Fabulaciones de cortar y pegar, ya digo, todo es susceptible de
convertirse en materia narrativa. Todo. Fernández Ramallo se
convierte en un DJ de las palabras, capaz de deglutir la teoría del
azar con un bar de putas mientras se entremezclan episodios
hilarantes y citas aparentemente serias (o no). Sí, es una novela
visual, montada al estilo de una película como Amores perros,
en la que te hacen la picha un lío y después el director se toma su
tiempo para ir desenrollándola. Una cosa queda clara: que el mundo
freakie está muy extendido. Cada vez hay más gente adherida a
la red, incomunicados para el intercambio de fluidos y
supercomunicados en territorios virtuales, mensajerías instantáneas
y comidas a domicilio. Pero no critiquemos: lo normal es lo ajeno.
Una vez instalados en el plano privado, todos somos anormales. Y es
que la normalidad se mide desde donde se ubica uno mismo en
comparación con esa mayoría subjetiva que catalogamos como tal.
Ya va por la 5ª edición en Candaya.
www.candaya.com/nocilladream.htm
|