música          cine          libros y comics          hemeroteca          contraportada
                                                                  libros        comics

OCHO AÑOS DE PROBLEMAS EN SAMOA

Robert Louis Stevenson

Ediciones del viento, 2010

 

 

Texto: Ángel Muñoz

 

Ediciones Del Viento publica por primera vez en España este texto casi desconocido del autor de El Extraño Caso del Dr. Jeckyll y Mr. Hyde o La Isla Del Tesoro. Autor universal, después de alcanzar la fama, se embarcó con su familia rumbo a los Mares del Sur donde, tras un breve paso por Hawai, se estableció definitivamente en Samoa hasta el fin de sus días.

 

Nada más llegar a Samoa, se encontró con una crisis bélica entre las grandes potencias occidentales, una crisis bélica cargada de intrigas y mezquindades en la que la población autóctona fue utilizada como un mero juguete, diezmada, humillada y masacrada. Una crisis mundial, una auténtica guerra entre las principales potencias, pero que al tratarse de Samoa, no merecía más que unos meros renglones en los medios del primer mundo, como mucho el envío de unos pocos observadores (qué palabra más eufemística en estos contextos, observadores). Un conflicto olvidado, del que las grandes potencias no querían que se supiera más de lo necesario. Un conflicto de ocho años, al que solamente la naturaleza, mediante un terrible tifón, pudo poner fin.

 

En el prefacio, Stevenson muestra la intención de este libro, poner en conocimiento del mundo, dar categoría de suceso histórico, algo que en Europa y América no merecía más que las mencionadas líneas en algún periódico. Con su prosa inigualable nos expone las complejas relaciones sociales de Samoa, sus clanes, reyes, tribus, elecciones, disputas y ritos. Y cómo Alemania, Inglaterra y Estados Unidos manejaron, con sus compañías privadas con verdadero rango de estado, apoyadas por sus armadas de guerra nacionales para preservar sus intereses nacionales, a los reyezuelos locales para procurarse alianzas y, sobre todo, territorios para explotar los recursos, sin tener ningún miramiento en declarar guerras, atacar a los otros clanes e incluso a las otras potencias, sin que esto tuviera ningún tipo de repercusión importante en la lejana Europa. Desde luego Inglaterra no atacó a Alemania mientras sus barcos de guerra andaban a zambombazos en los lejanos Mares del Sur y sus cónsules eran presidentes de compañías privadas bananeras con potestad de dictar leyes, encarcelar, juzgar y ejecutar en un país en teoría soberano.

 

Lo verdaderamente interesante de este libro es reflexionar en cómo las potencias occidentales nos creíamos con derecho absoluto sobre partes "menos desarrolladas" del mundo, cómo empresas privadas tenían otorgados de manera oficial privilegios como ejércitos privados, y potestad para juzgar a trabajadores - esclavos, encarcelarlos y ejecutarlos y todo ello con respaldo de sus diplomacias y sus ejércitos. Y lo más escalofriante es esa categoría de olvido, esa Guerra Mundial que si no se lleva a cabo en Europa o América o el mundo desarrollado no importa. Y aún más terrorífico es constatar que en casi 200 años, realmente en lo que esta situación ha evolucionado, es solamente para refinar más lo políticamente correcto. Está claro que en este mundo globalizado todo se sabe, es obvio que Francia no va a bombardear a un barco de Inglaterra en el Golfo de Adén o Estados Unidos va a secuestrar a operarios alemanes, y evidentemente BP no va a encarcelar a un pobre trabajador filipino ni cuenta con un ejército privado, que se sepa, apoyado por la diplomacia británica; pero las grandes compañías occidentales siguen comprando gobiernos en África, su diplomacia haciendo lobby en favor de sus empresas nacionales, siguen instigando guerras civiles, armando a los distintos bandos, deponiendo reyes  y arrasando poblaciones, o al menos consintiéndolo. Y a pesar de internet, de la globalización, ¿qué sabemos de las maniobras de las constructoras chinas en África central, de las petroleras y farmacéuticas americanas en África, en Irak, en Afganistán? Daños colaterales, empresas privadas de seguridad, incursiones aéreas, insurgencia ... eufemismos, buenos tonos, conferencias de donantes ... pero los diamantes siguen llegando a Amberes, los chinos siguen arrasando África modernizándola a cambio de secar su teta, los americanos en el Amazonas, los rusos en Asia central ... a pesar de la enorme crisis en la que nos vemos sumidos y de sus causas económicas y políticas que, por supuesto, nada tienen que ver con todo aquello ocurrido en Samoa hace casi 200 años, subyace un axioma moral en todo ello: la avaricia. La avaricia que inhibe cualquier reparo del cónsul alemán de Samoa en apoyar matanzas con tal de que la Compañía Bananera se llene los bolsillos, y él de paso, en nombre del Imperio, o del ejecutivo de Lehman Brothers que con sus prácticas dejará en la ruina a cientos de familias desesperadas mientras él conduce su deportivo. La avaricia, el mal.

 

Stevenson desgrana una galería de personajes que superarían tal vez a cualquier personaje de ficción, los dos reyes locales, Mataafa y Laupepa, corruptos y dispuestos a cambiarse de chaqueta a la mínima ocasión, los cónsules de Alemania, Estados Unidos e Inglaterra y sus siniestros esbirros, y traza un relato ameno e interesantísimo con su incomparable y ágil prosa. Un libro duro, duro por la reflexión a la que obliga, que hace cuestionarnos una y otra vez la fe que uno pueda tener en el género humano, capaz de lo mejor, pero con mucha más frecuencia de lo peor. Una pequeña joya del maestro Stevenson.

 

 

Derechos Reservados Octubre 2005 © www.plataforma21.com e-mail: contacto@plataforma21.com