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Texto:
Ángel Muñoz
Ediciones Del Viento publica por primera vez en España este texto
casi desconocido del autor de El Extraño Caso del Dr. Jeckyll y
Mr. Hyde o La Isla Del Tesoro. Autor universal, después
de alcanzar la fama, se embarcó con su familia rumbo a los Mares del
Sur donde, tras un breve paso por Hawai, se estableció
definitivamente en Samoa hasta el fin de sus días.
Nada más llegar a Samoa, se encontró con una crisis bélica entre las
grandes potencias occidentales, una crisis bélica cargada de
intrigas y mezquindades en la que la población autóctona fue
utilizada como un mero juguete, diezmada, humillada y masacrada. Una
crisis mundial, una auténtica guerra entre las principales
potencias, pero que al tratarse de Samoa, no merecía más que unos
meros renglones en los medios del primer mundo, como mucho el envío
de unos pocos observadores (qué palabra más eufemística en estos
contextos, observadores). Un conflicto olvidado, del que las grandes
potencias no querían que se supiera más de lo necesario. Un
conflicto de ocho años, al que solamente la naturaleza, mediante un
terrible tifón, pudo poner fin.
En el prefacio, Stevenson muestra la intención de este libro, poner
en conocimiento del mundo, dar categoría de suceso histórico, algo
que en Europa y América no merecía más que las mencionadas líneas en
algún periódico. Con su prosa inigualable nos expone las complejas
relaciones sociales de Samoa, sus clanes, reyes, tribus, elecciones,
disputas y ritos. Y cómo Alemania, Inglaterra y Estados Unidos
manejaron, con sus compañías privadas con verdadero rango de estado,
apoyadas por sus armadas de guerra nacionales para preservar sus
intereses nacionales, a los reyezuelos locales para procurarse
alianzas y, sobre todo, territorios para explotar los recursos, sin
tener ningún miramiento en declarar guerras, atacar a los otros
clanes e incluso a las otras potencias, sin que esto tuviera ningún
tipo de repercusión importante en la lejana Europa. Desde luego
Inglaterra no atacó a Alemania mientras sus barcos de guerra andaban
a zambombazos en los lejanos Mares del Sur y sus cónsules eran
presidentes de compañías privadas bananeras con potestad de dictar
leyes, encarcelar, juzgar y ejecutar en un país en teoría soberano.
Lo verdaderamente interesante de este libro es reflexionar en cómo
las potencias occidentales nos creíamos con derecho absoluto sobre
partes "menos desarrolladas" del mundo, cómo empresas privadas
tenían otorgados de manera oficial privilegios como ejércitos
privados, y potestad para juzgar a trabajadores - esclavos,
encarcelarlos y ejecutarlos y todo ello con respaldo de sus
diplomacias y sus ejércitos. Y lo más escalofriante es esa categoría
de olvido, esa Guerra Mundial que si no se lleva a cabo en Europa o
América o el mundo desarrollado no importa. Y aún más terrorífico es
constatar que en casi 200 años, realmente en lo que esta situación
ha evolucionado, es solamente para refinar más lo políticamente
correcto. Está claro que en este mundo globalizado todo se sabe, es
obvio que Francia no va a bombardear a un barco de Inglaterra en el
Golfo de Adén o Estados Unidos va a secuestrar a operarios alemanes,
y evidentemente BP no va a encarcelar a un pobre trabajador filipino
ni cuenta con un ejército privado, que se sepa, apoyado por la
diplomacia británica; pero las grandes compañías occidentales siguen
comprando gobiernos en África, su diplomacia haciendo lobby en favor
de sus empresas nacionales, siguen instigando guerras civiles,
armando a los distintos bandos, deponiendo reyes y arrasando
poblaciones, o al menos consintiéndolo. Y a pesar de internet, de la
globalización, ¿qué sabemos de las maniobras de las constructoras
chinas en África central, de las petroleras y farmacéuticas
americanas en África, en Irak, en Afganistán? Daños colaterales,
empresas privadas de seguridad, incursiones aéreas, insurgencia ...
eufemismos, buenos tonos, conferencias de donantes ... pero los
diamantes siguen llegando a Amberes, los chinos siguen arrasando
África modernizándola a cambio de secar su teta, los americanos en
el Amazonas, los rusos en Asia central ... a pesar de la enorme
crisis en la que nos vemos sumidos y de sus causas económicas y
políticas que, por supuesto, nada tienen que ver con todo aquello
ocurrido en Samoa hace casi 200 años, subyace un axioma moral en
todo ello: la avaricia. La avaricia que inhibe cualquier reparo del
cónsul alemán de Samoa en apoyar matanzas con tal de que la Compañía
Bananera se llene los bolsillos, y él de paso, en nombre del
Imperio, o del ejecutivo de Lehman Brothers que con sus prácticas
dejará en la ruina a cientos de familias desesperadas mientras él
conduce su deportivo. La avaricia, el mal.
Stevenson desgrana una galería de personajes que superarían tal vez
a cualquier personaje de ficción, los dos reyes locales, Mataafa y
Laupepa, corruptos y dispuestos a cambiarse de chaqueta a la mínima
ocasión, los cónsules de Alemania, Estados Unidos e Inglaterra y sus
siniestros esbirros, y traza un relato ameno e interesantísimo con
su incomparable y ágil prosa. Un libro duro, duro por la reflexión a
la que obliga, que hace cuestionarnos una y otra vez la fe que uno
pueda tener en el género humano, capaz de lo mejor, pero con mucha
más frecuencia de lo peor. Una pequeña joya del maestro Stevenson.
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