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Texto: Ángel
Muñoz
Una gran lectura para pasar un buen rato sentado a la
fresca en verano. Este joven autor israelí nos vuelve a dejar un
librito con una serie de disparatados y surrealistas cuentos cortos.
Profesor de universidad, con poco más de cuarenta y amplia
experiencia en cortos y TV, se nota de donde viene, sus cuentos se
miden con una velocidad narrativa poco común que ayuda a su fácil
lectura.
La literatura de Keret destaca por su humor negro y su
mordacidad, y sobre todo deslumbra por su imaginación, no así por su
lenguaje narrativo. Las ideas son maravillosas, naufragando tal vez
en una suerte de manida perspectiva juvenil en la que todo es una
mierda y estoy muy solo y amargado, un enfoque muy visto ya, pero
del que Keret, insisto, sobresale tan sólo con el germen de
la historia. El
argumento de sus cuentos te hace sonreír desde la primera página,
surrealismo puro y duro con un valor añadido: nos hace ver la
sociedad israelí desde una perspectiva que no tenemos. Huye del
belicismo imperante, mostrándonoslo como supongo que lo asimila la
juventud israelí, como algo normal; el servicio militar, menciones
al conflicto palestino… pero nos muestra una juventud perdida en su
normalidad y su aburrimiento como en muchas otras partes del mundo.
Perdedores, soñadores, fumetas y supervivientes emocionales desfilan
por las páginas de cada uno de sus relatos.
Un conductor de autobús que se creía Dios y aplica su
peculiar modo de hacer justicia sobre las criaturas que suben a su
vehículo. Ana, la dueña de una tienda de ultramarinos a la puerta
del infierno, cuyos moradores en sus permisos son sus mejores
clientes, y lo único interesante que ocurre en su pueblo. Y Haim, un
suicida confinado al limbo de los suicidas, un mundo muy parecido al
nuestro, aunque con ciertas peculiaridades y plagado de personajes
extravagantes, que va buscando en una especie de descacharrante road
movie a su novia recientemente llegada a ese mundo.
Todo esto nos ofrecerá este libro en sus poco más de cien
páginas, surrealismo, humor ácido y ritmo trepidante. Para pasar una
buena tarde de verano.
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