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EL ASOMBROSO VIAJE DE POMPONIO FLATO

Eduardo Mendoza

Seix Barral, 2008

 

Texto: Marcos Ripalda

 

A ver. Mendoza es un excelente escritor. La ciudad de los prodigios o La verdad sobre el caso Savolta son notables novelas. Y también está la delirante novelita Sin noticias de Gurb, en la que un marciano sin pretensiones conquistadoras toma el físico de Marta Sánchez para confundirse con los terrícolas y, de paso, aprender sus usos u costumbres. El humor y la sátira están presentes en la mayor parte de la bibliografía de este autor. Y es precisamente aquí donde ha encontrado el filón. El caso de Pomponio Flato navega por estos lares, aunque sin el acierto de recientes incursiones como La aventura del tocador de señoras, en la que se narra, entre otras situaciones embarazosas y redículas, como el protagonista se abotona la chaqueta de su vecino de mesa en un apagón, digna proeza muy al estilo del irreverentemente domado Tom Sharpe y su, pongamos por caso, Reunión tumultuosa.  

 

Sin afán de destripador de historias, les cuento. Pomponio tiene un problema de salud relacionado con su apellido y el universo gástrico-intestinal. Esta razón le lleva a viajar por el ancho mundo en busca de posible solución y, como es natural, una cosa lleva a la otra. En el transcurso de su viaje se resignará, por causas de fuerza mayor relacionadas con la supervivencia, a echarle una mano a un niño de nombre bíblico, a cambio de una cantidad pecuniaria acordada de antemano. Como en el Un, dos, tres hasta aquí puedo leer la tarjetita. En la trama hay corruptos y corrompidos, asuntos de tierras, resignados padres y soldados curtidos en mil batallas.

 

Mendoza, me cuentan, reconoció en una entrevista televisada que había escrito El asombroso viaje de Pomponio Flato en el transcurso de un verano en el que no tenía pensado escribir y que, además, ejem, lo había hecho sin documentarse. El resultado final, una vez realizadas medias aritméticas y otros cálculos que no tienen cabida aquí, es un raspadillo. Y es que hay que estudiar más, señor Mendoza, con lo aplicado que usted ha sido. Sospecho que compromisos editoriales tuvieron parte de culpa. En cualquier caso, y como es habitual en el caso de escritores consagrados o con campaña de marketing de te-meto-el-libro-por-los-ojos, habrá reediciones a cascoporro, como diría mi querida amiga Marisa, y las imprentas, editoriales y grandes superficies harán entrechocar las copas.

 

 

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